Jay llegó del trabajo a las 1:20 de la mañana.
Había tomado un vuelo apenas salió de su turno hace tres horas y finalmente manejaba su auto rumbo a su añorada casa. Si bien amaba la calidad de hoteles y comidas que le ofrecía la compañía, nada era igual a las suaves y olorosas sabanas de su cama ni a la sopa de verduras que se pondría hacer en ese mismo momento. No le importaba la hora. Tenía un inmenso antojo desde que salió del aeropuerto de Los Ángeles.
Llegó a su vecindario y los vigilantes le abrieron el portón rápidamente. Se notaban inquietos, pero la castaña no hizo hincapié en eso ni en sus semblantes preocupados.
Estacionó su auto y arrugó el entrecejo al darse cuenta que la camioneta de Louis no estaba. Seguramente fueron al cine o a cenar pensó en cuanto bajó de su Cadillac negro y le puso la alarma. Sus zapatillas de 8 centímetros resonaron en todo el caminito de piedra hasta la entrada. Sacó su juego de llaves y se sorprendió al ver que la puerta no tenía seguro. Frunció el ceño. ¿Acaso se fueron y olvidaron poner el seguro? Tomó la manija y abrió.
Su ceño se ablandó al ver a Ángela sentada en el comedor, con las manos sobre su regazo cubierto por un impecable delantal y el cabello recogido pulcramente. Tenía una expresión de preocupación en el rostro, al mismo tiempo que sus ojos iban de un lado a otro, delatando a su mente que debatía entre hablar y no hacerlo.
—Ángela, que sorpresa —Se inclinó a un lado y se quitó los tacones apoyándose con su mano libre en la pared—. ¿Cómo estás, cielo? ¿Y qué haces aquí tan tarde? Ya sabes que tu turno acaba apenas termines de hacer lo del día.
—Lo sé, lo sé —Frunció los labios—. Realmente no me encuentro bien. De hecho me quede porque tengo que hablarle sobre algo...
La castaña se preocupó al instante. Era cierto que si se había quedado hasta altas horas de la madrugada, era algo importante. Se dirigió al comedor y se sentó frente a ella, con el entrecejo arrugado.
—¿Qué sucede?
—Verá... —Pasó saliva una vez más—. El viernes pasado sucedió algo y... no habíamos podido decirle. Por favor no se enoje señora Jay, lo hicimos con el único propósito de ayudar a los chicos, pero creo que la situación se salió de control —Su voz sonaba desesperada, impaciente y asustada.
—Ángela, no me enojé pero tengo que admitir que me estás asustando... ¿Qué sucedió?
—El viernes pasado una persona se metió a la casa —Johanna palideció. ¿Cómo era eso siquiera posible? La barda debía medir unos diez metros sino es que más... —. Anduvieron buscando Louis y los vigilantes por toda la casa apenas se dieron cuenta de su presencia... Al parecer el joven Harry lo descubrió porque sintió el flash de una cámara fotográfica cuando estaba en su habitación...
Jay tragó saliva con dureza.
—¿Cámara fotográfica? ¿Alguien le tomó fotos a Harry?
—Sí, de cuando estaba en la habitación, minutos antes de que salieran a buscarlo. —Ángela suspiró—. Al final no lo encontraron, pero encontraron algo que me inquieto mucho... encontraron tres fotografías. Dos de cuando Harry estaba en su habitación y una donde... iba corriendo de la escuela.
Jay cerró los ojos con fuerza.
Su familia siempre había insistido en que era muy exagerada en cuanto al ámbito de la seguridad de la casa y de ellos, pero ella sabía muy bien que, a pesar de ser una ciudad respetada y sin un gran historial de secuestros, cualquiera podría verse tentado a amenazar o secuestrar a algún integrante al ver los autos que cargaban y la residencia donde vivían. Y ni hablar de la estructura de la casa.
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Secreto Styles #LarryStylinson
FanfictionAnne y Jay son muy buenas amigas desde la infancia, ambas crecían una al lado de la otra; por motivos, Anne y su familia dejan Londres para ir a vivir a Nueva York, ahí las dos amigas se separan. Jay se enamora y tiene dos hijas, después tiene a un...
