Louis se encontraba sentado en el sofá con el móvil entre sus manos. Tenía la televisión encendida en algún programa del cual no se había figado muy bien de que era. En la mesa de centro había una soda y un trozo de pizza. A lado de todo esto, se encontraba un libro leído hasta la página 27 con un separador hecho de servilleta. Debajo del libro, reposaba una caja con un rompecabezas de 500 piezas.
Múltiples cosas con las cuales cualquiera se distraería, sí.
Múltiples cosas con las cuales Louis había buscado distraerse, no.
Suspiró ante su tarde de viernes tan aburrida y se recostó en el sillón con el celular descansándole en el pecho.
Cerró los ojos un momento hasta que escuchó su teléfono vibrar. Lo tomó entre sus manos esperando ver el mensaje de Niall o de alguno de sus amigos aprobando la idea de ir por unas cervezas en ese preciso instante. Pero no fue así.
Su ánimo terminó de decaer cuando vio la notificación de Facebook plasmada en la pantalla de un tal Cameron invitándolo a jugar un juego que no le importaba ni un carajo. Bloqueó su celular y se dedicó a reconciliar su pequeña siesta.
Y ahí estaba él. Louis Tomlinson. Capitán del equipo de futbol de la escuela con chicas que salían hasta por debajo de las piedras ofreciéndosele y con una manada gigante y variada de amigos por doquier, aburrido en su casa.
¿Cómo era posible que de tanta popularidad acumulada fuera a estar aburrido en su casa? ¡¿Y un viernes?!
Resopló frustrado. Sabía el porqué de su aburrimiento.
En esos momentos estaría en la parte de adelante con la espalda recargada en la barda, sintiendo el pasto acariciándole las palmas fijando su mirada zafiro a la ventana de la del de color esmeralda; observándolo probablemente dormir, ya que a esa hora todavía estaba durmiendo de acuerdo a su rutina. Lo estaría, sino fuera porque se había dicho a sí mismo que no volvería a caer tan bajo acosando al rizado.
Resopló frustrado. No hallaba nada en lo cual entrenarse un rato.
Y como si sus suplicas de buscar algo entretenido hubieran sido escuchadas, alguien llamó a la puerta en el momento que se había resignado a morir del aburrimiento.
Se levantó rápidamente del sofá esperando ver a Niall, que era uno de sus amigos más cercanos y que más influenciaba su casa los viernes por las tardes. Pero ese día fue la excepción. Se llevó una gran sorpresa al abrir la puerta.
—¿Ashley? —Preguntó sorprendido y con el ceño fruncido al ver a la castaña delante de él.
—No, tu hermana —Dijo sarcásticamente al mismo tiempo que le miraba con algo de rencor—. ¿Qué no me vas a dejar pasar?
—¿Qué carajos haces aquí?
—¿Así recibes a todas las visitas? —Habló enojada. Al ver que el castaño no le respondía nada y la miraba con la misma cara de reproche e interrogación, decidió hablar—. Vine a ver a Harry.
—¡Oh! —Exclamó fingiendo sorpresa—. Ya era hora ¿sabes? No siempre es él quien va a estar corriendo hasta tu casa. Gracias por hacerle el favor. —Todo lo anterior le había salido en un tono amargo y burlón, combinado con su toque sarcástico ante todo, solo dejaba ver una cosa: aún estaba enojado por lo que le había hecho la otra vez.
—¿Y tú como sabes que va a mi casa? —Lo miró con una ceja levantada y una sonrisa cínica en el rostro—. Como tú lo has dicho, tal vez se va a coger con quien sabe quién a quien sabe dónde rayos.
Algo hizo clic en su cabeza. Recordó la forma tan cínica e idéntica en que le había dicho eso a Harry la vez que no lo encontró en el café.
Estaba a punto de correr a la chica de aquel lugar cuando una vocecita adormilada se hizo presente cerca de donde estaban ellos.
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Secreto Styles #LarryStylinson
FanfictionAnne y Jay son muy buenas amigas desde la infancia, ambas crecían una al lado de la otra; por motivos, Anne y su familia dejan Londres para ir a vivir a Nueva York, ahí las dos amigas se separan. Jay se enamora y tiene dos hijas, después tiene a un...
