Faltaban diez minutos para las tres de la tarde cuando Louis y Harry se encontraban en la carretera, en la camioneta del oji-azul, manejando rumbo al estado de Massachusetts.
Habían planeado salir desde la mañana ese mismo sábado, pero sus padres llegaron del trabajo justo a la hora del desayuno y se vieron obligados a quedarse un rato con ellos y a explicarles el por qué de su partida a Boston. Ambos habían escuchado con atención el motivo del viaje de sus hijos para luego asentir y pedirles que tuvieran cuidado. Después, se levantaron y se fueron a su habitación para descansar después de los largos turnos que les había tocado en su labor. Se levantaron sin hacer preguntas ya que no sabían absolutamente nada de lo sucedido el día anterior.
Louis se había encargado de ello.
Sabía por experiencia propia que si algo perturbaba la tranquilidad y seguridad de la familia Tomlinson, Johannah dejaba estrictamente prohibido la salida de su casa a todos los miembros que componían dicha familia hasta que los guardaespaldas requeridos se presentaran frente a la puerta de su hogar. Y no habían pretextos que pudieran doblegar su decisión por más importantes que fueran.
Por eso mismo, el castaño le había rogado a los vigilantes no decir nada hasta que hubiesen regresado de Boston. Sabía lo vital que era para la hermana de Harry el documento que le pedía y sabía que si por alguna razón no lograban poder ir ese fin de semana a la residencia Styles, el rizado se iba a sentir fatal por el gran peso de culpa al no poder cumplir con el favor que su querida hermana le pedía.
Y no, no podía dejar que su novio se sintiera así y que su cuñada perdiera la oportunidad de una gran beca para seguir estudiando en una de las mejores universidades del país.
En fin, después de casi ponerse de rodillas frente a los vigilantes y pedirle a Harry unas falsas lagrimas delante de ellos esa misma mañana antes de que sus padres llegaran, lograron que todos accedieran no muy seguros y pidiéndoles que se cuidaran mucho.
Ahora, avanzaban velozmente por la autopista. Habían planeado salir temprano para no llegar al anochecer a Massachusetts pero gracias a la repentina llegada de sus padres perdieron bastante tiempo, por lo cual no les quedaba más que llegar cuando todo estuviera oscuro e inundado de estrellas. Tendrían que buscar un hotel en la ciudad y después en la mañana dirigirse a la antigua casa del rizado, buscar lo que necesitaban y salir de allí para tener tiempo de descansar antes del nuevo inicio de semana.
Mientras Louis tamborileaba sus dedos en el volante, el oji-verde iba acurrucado en la ventana de su puerta, observando el paisaje con ojos somnolientos. Dio un gran bostezo antes de cerrar sus ojos suavemente.
La noche anterior, después del inesperado incidente y de la llamada de Gemma, Louis y él se habían ido a dormir. O bueno, al menos esperaba que el oji-azul si hubiera podido descansar sin interrupciones, porque él definitivamente no había podido.
Entre balbuceos inentendibles, se revolvía en la cama enredándose con las sabanas y golpeándose con el inconsciente cuerpo de Louis que se encontraba a su lado. Su mente no paraba de engañarlo con una horrible pesadilla que no dejaba de reproducirse en su mente como un video, una y otra vez:
Él se encontraba en la acera corriendo con todas sus fuerzas.
Venía del entrenamiento de Louis, después de haber tenido aquella discusión. Desde que había salido de la cancha venia corriendo y su corazón estaba tan agitado que no pudo evitar detenerse y comenzar a caminar con un ritmo lento y constante. El cielo estaba oscuro y despejado, sin una estrella que iluminara el asfalto bajo sus pies. Su larga sombra era proyectada por la escaza y débil luz de los postes a su izquierda, dejando un espacio sin iluminación de unos diez metros hasta llegar al otro poste y seguir la secuencia. Su pulso se iba calmando conforme avanzaba lento entre la oscuridad. Su respiración aún se escuchaba agitada entre los sonidos nocturnos y los coches a larga distancia de él. Sin pensárselo mucho, se detuvo bajo la gran bombilla de uno de los postes y coloco sus manos en sus rodillas para poder tomar el aire que le seguía sin entrar en los pulmones. Inhalo y exhalo lo suficiente hasta que se sintió recuperado. Iba a dar el primer paso para continuar con su caminata hasta que escuchó algo a lo lejos y lo sintió: esa sensación extraña y chueca recorriéndole la espalda como unos gélidos dedos desplazándose de arriba abajo, dejándole un rastro de intensos escalofríos. Sin darse cuenta, había dejado de respirar para poder aguzar su oído y escuchar con más atención. No se escuchó ruido alguno, ni siquiera el de los grillos. Era como si con la repentina sensación el ambiente cambiara para hacerlo más terrorífico. Tragó saliva y empezó a caminar nuevamente diciéndose que solo estaba imaginando cosas.
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Secreto Styles #LarryStylinson
FanfictionAnne y Jay son muy buenas amigas desde la infancia, ambas crecían una al lado de la otra; por motivos, Anne y su familia dejan Londres para ir a vivir a Nueva York, ahí las dos amigas se separan. Jay se enamora y tiene dos hijas, después tiene a un...
