Capítulo 26

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Zayn se había quedado intacto durante toda la clase. Se limitaba a hacer el mínimo movimiento, ya que no quería más atención de los demás sobre él. Durante toda la primera hora de clases se había mantenido con la cabeza gacha, por miedo a chocar por milésima vez miradas con su profesor de biología.

Liam no podía verlo desde la posición en que se encontraba escondiéndose en sí mismo.

No podía ver el leve rubor por la vergüenza que se encontraba adornando las mejillas del pelinegro.

Una vez que toco el timbre informando el cambio de asignatura, Liam simplemente tomó su maletín y se despidió con un casto "nos vemos en la cuarta hora", ya que biología les volvía a tocar a la hora mencionada.

A pesar de que había estado con la mirada baja en toda su clase, había escuchado con perfección cada palabra que salía de los labios de su profesor. Entre su presentación personal y explicaciones sobre el tema que les tocaba ese día, solía concentrarse solo en el sonido de su voz, su dicción y su hermosa manera de hablar. La forma en que podía articular las oraciones de manera veloz lo sorprendía demasiado.

Su cabeza era una maraña de pensamientos. Uno tras otro lo invadía con rapidez mientras sus oídos se distraían con la melodiosa voz del chico-hombre con el que se había besuqueado en la fiesta de Alison.

Varias veces había hecho lo mismo con muchos chicos y chicas. Pero en ninguna de esas veces le había tocado un caso como en el que estaba ahora.

Ni siquiera era consciente de lo que había pasado después de irse de la fiesta de West. Lo único que recordaba del sábado en la noche era que Alison los había encontrado besándose en el baño y a Liam diciéndole que lo llevaría a casa a causa de que los corrió. Nada más. No podía recordar absolutamente nada después de eso.

No tenía idea si lo había llevado primero a algún lugar y luego a su casa. No tenía idea si se habían seguido besando o no. No tenía idea si habían seguido con sus toques sensuales y sus manos inquietas. No tenía idea si se habían acostado o no.

Y eso lo avergonzaba aún más.

Lo avergonzaba lo suficiente como para no haber levantado la mirada ni en la primera hora ni en toda la cuarta, ya que al estar hundido en sus propios pensamientos, no se había dado el conocimiento de saber que ya habían tocado el timbre hasta que se dio cuenta que estaba completamente solo en el aula. O al menos eso pensaba.

Liam lo seguía observando desde el escritorio mientras guardaba sus cosas en su maletín. Alisaba y acomodaba perfectamente sus hojas y carpetas sin perder de vista a aquel moreno del cual no le sacaba el ojo desde que lo vio en aquel rincón solitario.

Le parecía penosa la forma en que se volvieron a encontrar. Más bien, la situación en la que se encontraban ahora, ya que el oji-miel era su alumno y él su profesor.

En cuanto lo había visto automáticamente los recuerdos de esa noche llegaron a su cabeza como bala, haciendo memoria en cada detalle, sabor y textura que había sentido y tenido el placer de probar.

Recordar el sabor de sus labios, la textura de su piel y los detalles de aquel momento en el sanitario solo lo hacía avergonzarse de sí mismo. Se supone que él era toda una persona estudiada y madura. No debía de estar pensando de esa forma a su ahora alumno.

Pero era inevitable no hacerlo cuando lo tenía a unos cuantos metros, a unos cuantos pupitres. A unos cuantos pasos.

De forma nerviosa cerró su maletín y caminó tranquilamente acercándose cada vez más al morocho. Éste seguía en su posición escondiéndose a sí mismo.

Secreto Styles #LarryStylinsonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora