Capítulo 26 (Lola)

63 11 21
                                        


Dejo el celular sobre la mesa y me voy a buscar la cartera a mi habitación. Ya se me hizo tardísimo para llevar a los chicos al colegio, si no me apuro, llegan los dos tarde.

No puedo dejar de pensar en Bruno y en cómo le dejó la cara, ese tal Paul. De solo pensar lo que le puedo haber pasado, se me hiela la sangre.

Tengo que averiguar quién y en qué anda metido ese tal Paul. Por lo poco que sé, no debe andar en nada bueno. Ahora, ¿por dónde empezar a investigar?

—¡Chicos, vamos! ¡Ya se hizo tarde! —los llamo saliendo de mi habitación.

Los dos vienen caminando con esas ganas de vivir, que los caracteriza por la mañana. Como diría mi abuela: "Juventud, divino tesoro"

—¡Vamos! Pónganle sangre, que la vida, los ama.

Ambos me gruñen algo y bajan la escalera.

Los dejo a cada uno en su colegio y me voy a trabajar.

Cuando llego todos ya están trabajando, se escucha el sonido de los teclados y el murmullo de las charlas entre compañeros. El olor a café me viene a buscar. Si... es justo lo que necesito.

Después de servirme mi café matutino, me siento delante de mi libreta y comienzo mi tarea de investigación.

—Ok Lola, que sabés de este tipo... —me digo a mi misma.

Sé que llama Paul, que está en el ambiente de los stripper; por lo que me dijo Bruno la otra vez, el local está cerca del Golden. Todo lo que se me va ocurriendo lo voy escribiendo en mi libreta. Cuando no se me ocurre nada más, miro la lista, la lista no es muy larga que digamos, apenas si puso un par de cosa; ok, voy a arrancar por ahí, voy a tratar de rastrear el local.

Enciendo mi computadora y pongo en el buscador, "boliches en Puerto Madero", aparece una lista larga de locales en la zona, no pensé que había tantos... Esto va a llevar más tiempo de lo que me imaginé.

Voy a tener que hacer una búsqueda más fina, sino se me va a ir la vida buscando este boliche, así que pongo: "boliche de stripper en Puerto Madero", la lista se achica muchísimo, solo quedan tres. En la lista está el Golden; no puedo evitar entrar, es más fuerte que yo. Hay varias fotos de los show y una de Bruno bailando con esa tanga de moñito como la del día que lo conocí. Me tengo que secar la baba. Me la descargo en la computadora, lo mío no tiene nombre... Bueno, Carmen seguramente le pondría un nombre enseguida, es más, ya puedo escuchar la lista de definiciones de lo que soy. Sacudo a mi amiga de mi cabeza y me pongo a trabajar.

Estoy ensimismada en la pantalla leyendo cuando escucho a mis espaldas la voz de Alberto que me dice:

—¿En qué está trabajando mi chica?

Me sobresalto y minimizo la pantalla. Me siento como si mis padres me hubiesen pescado mirando una página porno.

—En nada Alberto...

Mi jefe tuerce el gesto y da un cabezazo señalando su oficina. Maldigo en silencio y lo sigo.

—Cerrá la puerta. —me dice caminando hacia su escritorio.

Alberto se sienta y entrelazando los dedos de sus manos, los apoya sobre el escritorio y me mira.

—Sentate. —me dice seco.

—Ok, estoy trabajando en algo personal. Ya me pongo a trabajar en lo que me quedó pendiente. —le digo en un ataque de verborragia mientras me siento.

—¿Estás buscando un stripper? —me pregunta sonriéndose. Vio más de lo que me hubiese gustado. En realidad me hubiese gustado, que no vea absolutamente nada.

El blog de LolaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora