Capítulo 25 (Bruno)

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Todo el camino desde la casa de Lola, a la mía lo hago pensando en Barbi. Me está carcomiendo el cerebro de pensar que es hijo de puta le puede llegar a hacer algo a mi hermana. Tengo que solucionar esto urgente. No puede esperar. Sé que si no hago algo ya, las cosas se van a poner cada vez peor. Paul no es de los tipos que se quedan tranquilos y menos aún que acate cuando se le dice algo. Cuando se le mete algo en la cabeza, hace hasta lo imposible para tenerlo, aunque eso implique hacer algo no muy legal.

Así que sin pensarlo, me voy directo al antro que tiene como club, ese infeliz.

No está muy lejos del Golden, apenas a unas seis cuadras.

Estaciono el auto a media cuadra y me voy caminando. Estoy haciendo acopio de todo mi autocontrol para no empezar a romper hocicos antes de decir "hola".

En la puerta están dos de los gorilas de Paul. Son dos descerebrados, que lo único que tienen es músculos. Me planto delante de ellos y les digo serio:

—Quiero ver a Paul.

Los dos con los brazos cruzados sobre sus pechos, me miran de arriba abajo tratando de intimidarme. Pero los ignoro, se cómo es la movida.

—¿Aparte de estúpidos son sordos? —les digo enfrentándolos.

—Paul no está recibiendo a nadie. —me dice uno de ellos ya de mal humor.

—A mí me va a recibir.

—Me parece que el que está sordo sos vos. Paul no te va a recibir.

—Anda y decile que está Bruno.

—No soy secretaria tuya, infeliz. —me dice dando un paso hacia a mí.

Me cuadro para demostrarles que no les tengo miedo. Los tres nos miramos midiéndonos. Entonces escucho la voz nauseabunda de Paul que dice desde detrás de los dos gorilas descerebrados:

—Chicos, chicos... Déjenlo pasar, es un amigo de la casa.

Paso por entre los dos idiotas llevándomelos por delante.

—No somos amigos. —le digo a Paul acercándome a él.

—Eso es porque vos no querés. Podríamos ser muy buenos amigos.

—Definitivamente no quiero tu amistad ni nada que venga de vos.

—Epa... Parece que estamos de mal humor.

—Sí. Eso me pasa cuando me entero que seguís jodiendo a mi hermana.

—No la estoy jodiendo, simplemente le estoy ofreciendo un negocio con un poco de insistencia. Tampoco es para tanto...

—Mirá Paul, te lo voy a decir una última vez y te aseguro que si te lo tengo que decir de nuevo, me voy a encargar que no puedas caminar por un largo tiempo. Dejate de joder con mi hermana. No te quiero cerca de ella. No quiero que respires cerca de ella siquiera. —digo haciendo énfasis en cada palabra que sale de mi boca.

—Parece que hay alguien que hace mucho que no la pone.

—Despreocupate por mi vida sexual. Focalizate en alejarte de mi hermana. ¿Me entendiste?

—Voy a ver qué puedo hacer, pero no te prometo nada.

—Por el bien de tus piernas, asegurate de esforzarte.

Siento como los dos gorilas se paran detrás de mí. Trato de ignorarlos.

—Mira Bruno, sé que puedo ser muy paciente, pero la verdad que no me está gustando la forma que me hablas. Sos muy irrespetuoso y cosa que odio, es la gente mal educada. —me dice Paul y luego hace un leve movimiento de cabeza.

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