Capítulo 24 (Bruno)

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No más Lola cierra la puerta de su casa, después que los chicos se suben al auto del infeliz de Roberto, me acerco a ella que aún está dándome la espalda y le digo al oído.

—Me parece que tengo a alguien a quien bañar...

Lola se da vuelta y me sonríe con esa sonrisa sexy que tan loco me tiene y sin siquiera darle tiempo a reaccionar, la levanto por las caderas y la llevo escalera arriba mientras la beso. Tengo un trabajo que hacer.

La llevo directamente al baño. La extraño tanto que no puedo más conmigo.

La siento sobre la mesada del vanitory y me acomodo entre sus piernas. Soy incapaz de dejar de besarla. A Lola se le escapa un gemido. Me voy a volver más loco de lo que ya estoy.

—Te extrañé tanto... —susurro sobre su cuello mientras lo beso.

—Yo también te extrañe. —me dice entre jadeos.

Le saco la remera que trae puesta y la tiro en el suelo. Hago lo mismo con la mía.

Beso su hombro y lentamente comienzo a bajar. Desprendo su corpiño y lo dejo caer al suelo junto a las remeras. Quiero besarle cada centímetro de su cuerpo.

—Estoy sucia... —me susurra apenada.

—Ya lo sé. Por eso es que te voy a bañar. —digo sobre sus hermosos y redondos pechos mientras los beso.

Lola deja salir un suspiro.

La bajo de la mesada y comienzo a sacarle la ropa que aún tiene puesta. Ella hace lo mismo con la mía, mirándome con esos hermosos ojos verdes. Me pierdo en ellos.

Agarro del bolsillo de mi pantalón un preservativo y lo dejo a mano. Lola me mira con brillo en los ojos por el deseo.

Estoy luchando conmigo mismo para no abalanzarme sobre ella como un animal. Quiero tomarme mi tiempo para disfrutarla; pero la deseo tanto, que me es muy difícil controlarme.

Cuando la tengo totalmente desnuda, abro la canilla de la ducha y los dos entramos en ella.

El agua cae caliente sobre mi piel haciendo que se me erice.

—Lola, no te das una idea de lo que te deseo... Todos estos días sin vos fueron una tortura. —le digo sin dejar de besarla. Ella me contesta con un jadeo.

Comienzo a enjabonar su cuerpo tomándome todo el tiempo. Necesito sentir su piel contra la mía.

Hacemos el amor, con esa pasión que solo te da el haber sentido que casi nos perdemos.

Despertamos en su cama abrazados. Amo la sensación de tenerla entre mis brazos.

—¿Estás bien? —le pregunto acariciándole el brazo con mis dedos.

—Ajá... —me susurra.

La miro. Tiene las mejillas sonrojadas y los labios hinchados. Me sonrío.

Lola levanta la cabeza para poder mirarme y me dice riendo también:

—¿Qué? ¿Qué tengo?

—Nada. Me encanta la cara que tenés después de hacer el amor.

Lola comienza a reírse.

—¿Y qué cara tengo?

—Se te ponen las mejillas rosadas y los labios más carnosos aún. Me encanta. Me dan ganas de mantenerte así siempre...

Con un movimiento rápido me pongo sobre ella, haciéndola gritar.

—Me parece que te hace falta un poco más de color en las mejillas... —le digo comenzándole a besar el cuello.

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