Capítulo 10 (Bruno)

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No puedo sacarme a esta mujer de la cabeza. No sé qué es lo que me pasa y me está poniendo fastidioso. No me siento en mí, y eso no me gusta.

Entro varias veces en el día a su blog para ver si escribió algo nuevo, por más que puse para que me avise.

Morí de la risa cuando leí el posteo que puso sobre mi entrevista. Me gusta la picardía que tiene para hacer reaccionar a sus seguidoras. Y los comentarios por la cuenta que dejo como "tarea para el hogar", no tienen desperdicio. Me pase más de una hora leyéndolos entre carcajadas. Lo que puede provocar una simple cuenta.

El miércoles no me aguanto más y le mando mensaje para ver como está. La idea original era para preguntarle por la nota que me hizo, pero para que me voy a mentir; tengo ganas de volverla a ver.

Así que sin siquiera pensarlo, la invite a almorzar el domingo al mediodía ¿Se preguntaran porque no el sábado?, simple, no quiero que piense que tengo otras intenciones con ella, aunque eso es exactamente lo que me gustaría. Pero quiero ir despacio.

Así que el domingo al mediodía estaciono mi Audi frente a su casa, pero cuando voy a bajar para ir a tocarle timbre, ella sale y a mí se me corta la respiración.

Lleva puesto un vestido sin mangas y acampanado, con un cinturón que marca su cintura. No es un vestido provocativo, todo lo contrario.

No se vistió para matarme, pero es exactamente lo que me está haciendo.

Se acerca con un andar seguro y la sonrisa más maravillosa que vi.

Trato de componerme antes que llegue al auto, pero me es imposible. Me dejo atónito.

Abre la puerta del auto y entra. Como que si le faltaba algo para terminar de matarme, el auto se inunda de un perfume dulce. Me encanta.

—Hola... —me saluda tímida, mientras que me da un beso en la mejilla.

—Hola. Estas hermosa.

—Gracias. No sabía que ponerme.

—Estás perfecta —me falta babear—. ¿Vamos?

—Cuando quieras.

Así que pongo el auto en marcha y nos vamos. El primer tramo lo hacemos en silencio, yo todavía no me puedo reponer.

Lola rompe el silencio diciendo:

—Tengo tu nota terminada. ¿La querés leer o esperás a que se publique y te mando un ejemplar?

—Me parece que voy a esperar el ejemplar.

—Listo, sale en una semana.

—Buenísimo.

—¿Trabajaste anoche?

—Sí, pero me fui temprano. Hoy tenía una cita y no me podía quedar dormido. —le contesto sonriéndole. Lola se pone toda colorada. Por algún motivo, me gusta es reacción.

—¿A dónde vamos a ir a comer? —cambia de tema.

—Al principio pensé en ir a un Resto que me encanta, está en Puerto Madero; pero después me acorde lo que paso el sábado anterior en el bar, así que reservé en Palermo Soho. Te va a encantar.

—Bruno, no hace falta que vayamos a un lugar carísimo. —me dice apenada.

—Por el gasto no te preocupes. Obviamente pago yo. —le aclaro por las dudas que se piense que la voy a dejar pagar algo a ella. Yo soy de la vieja escuela.

—Eso no va a pasar; pero me da la sensación que estas queriendo impresionarme.

Me quedo en silencio. Es exactamente lo que quería hacer. A las mujeres les gustan las cosas caras, los lugares de moda. Pero parece que a Lola no.

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