Capítulo 11 (Lola)

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Es de público conocimiento que cuando me pongo nerviosa o me siento intimidada, se me suelta la lengua y comienzo a decir estupideces de una forma descomunal. Y es lo que me está pasando con Bruno.

Es un hombre tan imponente, tan sexy, tan... hombre, que no lo puedo evitar; soy una máquina de decir gansadas. Lo único bueno, es que parece que a él le está divirtiendo, o se ríe para que no me sienta una estúpida. No lo sé...

Después que se presentó la hermana cuando estábamos en heladería. Por cierto, esa mujer es hermosa. Es la sensualidad hecha carne. Alta, obviamente flaca y con un cuerpo descomunal. Estaba vestida como una mujer del montón; jean, remera y botas de caña media, pero tiene una presencia que hace que todos los tipos se den vuelta para mirarla.

En fin, después de esa conversación con Bruno sobre la "panza movediza" y la hermana, me olvido de tener algo con él.

Me lo merezco por lengua larga.

Nos vamos al Rosedal. No le mentí cuando le dije que la última vez que fui estaba de novia con Roberto, obviamente que fue antes de que se convierta en un putañero.

Es un día hermoso, por lo tanto, el lugar está lleno de gente. Muchas parejas tomados de la manos caminando, -para el que no sabe, el Rosedal es un espacio público típico a donde van las parejitas de novios, digamos que es uno de los lugares románticos para ir-. También están los típicos manteros tomando mate mientras que se hacen mimos.

Lo miro a Bruno de reojo, como si le faltaba algo, se puso anteojos oscuros, no hay palabras para describir lo que pienso.

—Hay un montón de gente... —digo como pensando en voz alta.

—Sí, no pensé que iba a estar así. ¿Querés ir a otro lado?

—No, está bien. Salvo que vos quieras irte. Hacemos como vos quieras.

—Está bien, caminemos un rato. —me dice, lo siento incómodo. Cuando le voy a decir que la idea no es torturarlo, me dice—: Me parece que te está sonando el celular.

Saco el teléfono de la cartera y efectivamente me está sonando y es el impresentable de mi ex.

Resoplo y mirándolo a Bruno le digo:

—Perdoname, pero lo tengo que atender.

—Está bien. No te hagas problema.

Contra mi voluntad le doy al botón verde:

—Hola.

—Hola Lola.

—¿Qué pasó?

—¿Estás ocupada?

—Si Roberto, estoy ocupada. ¿Qué pasó?

—Surgió algo y te tengo que llevar a los chicos antes.

—¿Me estás jodiendo, no?

—No, me llamaron del trabajo y me tengo que presentar.

—Roberto, yo sé que tengo cara de boluda, pero hoy no creo que esté en tu trabajo ni el de seguridad. Lo estás haciendo para cagarme mi salida, ¿no?

—Pensá lo que quieras. A las seis y media más tardar te los dejo en casa.

—En mi casa.

—Es lo mismo.

—No, definitivamente no es lo mismo.

Le corto. Estoy tan enojada que si pudiese en este momento, lo piso con mi auto.

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