Capítulo 30 (Lola)

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Después de dejar a los chicos en la casa de Roberto, nos vamos al loft, en donde Bruno va a instalar la editorial.

—¿Por qué tan sonriente? —me dice de repente. No me había dado cuanta que lo estaba haciendo.

—Pensaba en los chicos —le contesto ahora consiente que me estoy sonriendo como la buena madre babosa que soy—. Estaban super contentos.

—Sí, Kiara que era la que se iba a aburrir, me parece que es la que más lo disfrutó.

—Ella es así... Su lema es "No sé de qué se trata, pero me opongo".

—Son buenos chicos. —me dice sonriendo.

—Si que lo son —le contesto y después de un momento le digo—: Gracias por tratar de llevarte bien con mis hijos. Sé que no es fácil tratar con adolescentes.

—Lola, quiero que lo nuestro funcione, y sé que gran parte del engranaje de todo esto, son los chicos. Si no me llevo bien con ellos, nos fundimos. Aparte no me resulta ningún esfuerzo, los dos son bárbaros.

—Sí, pero podrías simplemente tener un trato cordial con ellos. Pero vos queres llevarte bien y eso lo aprecio mucho.

—Te vuelvo a decir, quiero que lo nuestro funcione.

Me acerco a él con esfuerzo ya que el cinturón de seguridad me saca movilidad; y le doy un beso en la mejilla.

Bruno me sonríe y me mira de reojo. Está manejando y no puede sacar la mirada del frente.

Llegamos a nuestro destino y Bruno estaciona el auto. Desabrocho el cinturón de seguridad y cuando estoy por abrir la puerta, Bruno agarra mi brazo y tirando suavemente hacia él, me acerca y me besa apasionadamente.

Cuando me suelta, lo quiero violar acá mismo en el auto y con un montón de personas pasando y mirando.

—Si empezamos así, para cuando lleguemos a tu casa o la mía, voy a estar incinerada. —le comento tratando de controlar la respiración.

Bruno me sonríe sexy, pero no dice nada. Eso me excita más todavía. Realmente voy a morir por combustión espontánea.

Bajamos del auto y entramos a un viejo edificio remodelado a nuevo, pero sin perder su pasado. Todavía no entre en el departamento y ya estoy enamorada del lugar.

El ascensor es de esos antiguos, que están hechos de hierro trabajado, tipo jaula de pájaros. Es hermoso. Bruno se para a mi lado y toma mi mano con la suya y comienza a dibujar en la palma, pequeños círculos con su dedo pulgar. Se lo ve nervioso.

Bajamos en el segundo piso. Las paredes son de ladrillos a la vista. Todo el edificio es rústico.

Caminamos por el pasillo hasta llegar a la última puerta, al final del pasillo. En contraste a todo el lugar, las aberturas son de metal pintadas de negro con detalles en plateado; super modernas.

Cada vez me siento más maravillada.

—Tené en cuenta que están haciendo algunos arreglos —me dice Bruno abriendo la puerta del departamento.

—Eso ya lo sé. El edificio está hermoso, así que seguramente el departamento va a estar mejor.

Bruno abre la puerta y me deja entrar primero. El loft es enorme. Calculo que es más grande que mi casa. Los techos son altísimos, como todos los ambientes antiguos. La pared que tengo enfrente, la que da a la calle, está totalmente vidriada desde media altura hasta el techo, con numerosos vidrios cuadrados, dejando entrar la luz del sol. El piso es de madera oscura entarugada. Mi sueño hecho realidad.

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