Mientras salgo con mi auto del estacionamiento, miro a Bruno por el espejo retrovisor. Está parado estático mirándome mientras me marcho. Siento como si algo estuviese apretándome el pecho y me impidiera respirar. No me gustaría que esta sea la última imagen que me quede de él. El solo hecho de pensarlo me desespera.
Odio verlo tan triste.
Las lágrimas recorren mi rostro. Esto no tendría que haber sido así. No tendría que haber terminado de esta manera.
Recorro dos cuadras con mi auto y tengo que detenerme. Las lágrimas no me dejan ver por dónde voy. Siento tanto dolor en el pecho que me cuesta respirar.
Las parejas que pasan junto a mi auto tomados de la mano, me miran ¿Nunca vieron a una persona llorar?
Estoy enojada y triste a la vez. Las palabras de Alan resuenan en mi cabeza. "Prostituto" ¿Cómo puede ser que lo haya llamado así? Él no tiene ni la más remota idea de lo que hace Bruno.
Eso seguro que son cosas de Roberto. Seguro que fue él el que le metió toda esa basura en la cabeza a Alan. Pero como que me llamo Dolores, que esta no se la va a llevar de arriba, si llego a confirmarlo.
Cuando las lágrimas no nublan totalmente mi visión, pongo el auto en marcha y me voy a mi casa. Necesito pensar que es lo que voy a hacer con todo esto.
Llego a casa todavía siendo temprano. Sin siquiera sacarme la cartera, agarro mi celular y lo llamo a Roberto. Al segundo tono atiende.
—Hola. —me dice con un tono enojado en la voz y eso me enoja más todavía. Lo único que me falta es que el ofendido sea él.
—Debes estar contento. —le digo sin siquiera saludarlo.
—¿De qué estoy contento? ¿Qué estas saliendo con un prostituto? —me suelta y es todo lo que necesito para confirmar que este lio es por culpa de él.
—Antes que nada, a vos no te importa una mierda con quién salgo o dejo de salir. Segundo, ¿Por qué les metes tu basura a los chicos en la cabeza? ¿No te alcanza con el hecho de ser el padre?
—¿Qué es lo que estás diciendo?
—Qué sos una mierda de persona. Qué no haces otra cosa que arruinar todo lo que te rodea, sos la manzana podrida en el cajón.
—Porque vos sos mejor que yo ¿No? La que se está encamando con un prostituto. ¿Le tenés que pagar vos también? ¿O te hace precio por ser recurrente?
Siento como me hierve la sangre. Si lo tuviese enfrente le rompería la cara.
—Mira Roberto, lo único que te voy a decir es que con él conocí lo que es un orgasmo; y si le pago o no, eso a vos no te importa. Lo principal es que me deje con esa sonrisa tatuada en la cara; cosa que con vos no me pasó nunca.
—No pienso lo mismo. Si mal no me acuerdo no la pasabas mal...
—Es como cuando te comes un plato de pastas; cuando comes las compradas en el super te parecen riquísimas y te gustan, hasta que probas las pastas caseras. Ahí te das cuenta que comiste mierda toda la vida.
Se hace un silencio del otro lado de la línea. Le dolió y eso me alegra.
—Mañana quiero a los chicos en mi casa. Si llegara a pasar que alguno de los dos no viene, te aseguro que voy a hacer que te arrepientas de haber abierto la boca.
—¿Me estás amenazando?
—No, te estoy avisando. Y no le vuelvas a meter tus mierdas en la cabeza a los chicos, yo jamás le dije el tipo de persona que sos. Voy a dejar que lo descubran ellos solos.
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El blog de Lola
RomanceLola se gana la vida escribiendo posteos sumamente divertidos y muchos de ellos, atrevidos en el blog de una editorial. Su vida es tranquila, a pesar de los dos demonios que tiene por hijos. Hasta que tiene que escribir una historia un tanto particu...
