Capítulo 39 (Bruno)

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Es increíble lo que cambió Lola desde que empezó a sentirse mejor nuevamente. Hubo momentos que me desesperaba verla tan mal y no poder hacer nada. Nunca hubiese pensado que les podía pegar tan mal el embarazo a las mujeres, ni el mal humor que puede despertarles.

Entiendo que el no poder sentir olores fuertes, ni poder comer absolutamente nada, sin vomitarlo después, es algo que pone de mal humor hasta a la persona más divertida del mundo. Hubo momentos que juro que la miraba y no la reconocía. Pasaba del amor al llanto en cuestión de milésimas de segundo. Pero bueno, por suerte lo peor ya pasó y ahora está como antes, o mejor aún...

La editorial, cada vez, funciona mejor. Tenemos casi cerrando un proyecto, que si se llega a dar, va a ser un sueño hecho realidad y nos va a catapultar.

Con Barbi somos un gran equipo. Y pensar que ella decía que no iba a poder hacer nada en la editorial... Es la que sale a golpear las puertas y nos consigue los mejores clientes. Si seguimos así, voy a tener que contratar gente para que nos ayuden. Por ahora solo somos Barbi, Lola y yo.

—Chicos, no los quiero echar, pero si no se apuran van a llegar tarde a la clínica. No se olviden que a esta hora el transito es un caos... —nos dice Barbi, sentada detrás de su escritorio.

Miro la hora, tiene razón, un embotellamiento y llegamos tarde.

Lola salta de la silla como un resorte.

—Me colgué con lo de las redes y se me pasó la hora. Menos mal que tenemos al Big Ben... —dice sonriéndole a mi hermana. Se llevan realmente muy bien.

—Es que estoy muy ansiosa... Vengo contando los minutos desde que me dijeron que se iban a ir a hacer una eco.

La miro y me sonrío. Está muy entusiasmada con su sobrinito o sobrinita... Todavía no sabemos que es y para ser sincero también estoy ansioso por saber. No tengo una predilección, me da lo mismo el sexo, pero si quiero saber que es. Tanto para definir si compro o no la escopeta.

Lola junta sus cosas y después de despedirse de su cuñada me dice:

—¿Vamos papá? —Me encanta que me diga así y ella lo sabe.

—Vamos mamita... —bueno, lo mío sonó un poco más cachondo de lo que pretendía.

—Bueno, bueno. Que no tienen tiempo ni para un "rapidin". —nos dice Barbi riéndose.

Sin decirle ni una palabra nos vamos.

Llegamos a la clínica más que justo. Así que mientras que yo estaciono el auto, que para variar no encuentro en donde, Lola se va a dar de alta para hacerse la ecografía.

Encuentro un lugar, a cinco cuadras de la clínica. Así que tengo que ir corriendo, para no llegar tarde. Me muero si me la pierdo.

Entro en la clínica y pregunto en la recepción en donde hacen las ecografías. La chica me indica que es al final de pasillo. Así que trato de caminar lo más rápido que puedo, sin llevarme a nadie por delante. Llego justo cuando la están llamando a Lola.

—Más justo imposible... —le digo agitado. Los últimos meses, no me estuve ejercitando tanto como lo hacía antes y el cuerpo ya lo está empezando a sentir. Tengo que volver urgente a la rutina, o por lo menos, inventarme una rutina nueva.

—Sí, pensé que no llegabas...

—Olvídate, lo dejo en doble fila y que me lo lleve la grúa.

Lola se ríe, sabe que soy capaz.

—Hola... —saludo a la técnica cuando entro en el consultorio detrás de Lola.

—Hola —me saluda, apenas mirándome—. Dolores, recostate en la camilla, por favor. Vos papá te podés sentar ahí. —me dice señalando una silla que se encuentra junto a la camilla. Asiento con la cabeza. Estoy muy nervioso.

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