Capítulo 15 (Lola)

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Cuando Carmen se entere lo que pasó, le va a agarrar un ataque de risa, que no la va a parar nadie.

Yo todavía no lo puedo creer. Para mí que esta, es alguna maldición de Roberto para que me salgan telas de arañas.

Bruno esta enojadísimo con su hermana y con justa razón, yo en su lugar me hubiese importado nada que él esté presente y hubiese matado a mi hermana. Pero no voy a echar leña al fuego ya bastante con la que tiene, así que en un intento de poner paños fríos al asunto digo:

—¿Querés comer helado con nosotros?

Si, ya lo sé, me tendría que haber callado la boca y esperar a que se vaya rápido para retomar la cosa en donde la dejamos con Bruno. Pero yo soy así de estúpida y que conste, que es sin esfuerzo.

Barbi después de pedirle permiso con la mirada a su hermano, se sienta con nosotros. Está haciendo todo el esfuerzo posible para que a Bruno se le pase el enojo, pero no creo que pueda. No importa lo que diga, no logra sacarle ni una sola sonrisa a su hermano. Ni siquiera un monosílabo por respuesta. Va a tener que remar.

Tal vez si los dejo solos por un momento... Seamos sinceros, yo necesito un momento, todavía no puedo bajar.

—¿Puedo pasar al baño? —pregunto.

—No me tenés que pedir permiso. Hace de cuenta que estás en tu casa.

Le sonrió y me voy al baño. Cuando estoy cerrándola puerta, los escucho discutir entre murmullos. Creo que mejor me voy a tomar dos momentos.

Me acerco al vanitory, abro la canilla y mojo mi cara. Me miro al espejo; todavía tengo las mejillas sonrojadas. Me sonrío, hace muchos años que no me veo así y menos aún, me siento así.

Todavía tengo la sensación de sus besos en mi cuello, sus dedos rosando mi espalda...

¡Por el amor de a Dios! Vine al baño a bajar un poco las revoluciones y en lugar de eso me estoy provocando una recalentada. Tengo que sacarme toda esas imagines de mi cabeza. Vamos Lola, pensá en algo que te baje... Ya sé, tengo el remedio para esto; Roberto. Si definitivamente él tiene el don de bajarlo todo, te la baja aunque te hayas tomado dos Viagra... Al final ¿Quién dijo que no sirve para nada?

Cuando vuelvo al living, la encuentro a Barbi parada junto al sillón con la cartera colgada, lista para salir corriendo. Es evidente que la invitaron a irse.

—Bueno Lola, yo los dejo. Mil disculpas por haber entrado así en el loft. No va a volver a pasar.

—No te hagas problema. Está todo bien. —le contesto sacándole importancia a la situación.

—Te aseguro que no está nada bien. —me dice saludándome con un beso.

Me sorprende que ni se acerque a Bruno, parece que estuvo caliente la cosa. Después de una última sonrisa de disculpa sale disparada del departamento.

Nos quedamos nuevamente solos. Se lo ve enojado todavía, y lo entiendo. Me siento al lado de Bruno en el sillón.

—Perdoname. Le tendría que haber sacado la llave del departamento hace un tiempo.

—Está bien Bruno. No te hagas problemas...

—Es que me jode que sea tan desubicada.

—Ya está, dejala pasar. ¿Quedó algo de helado? —le digo para cambiarle el tema.

—Sí, esta tal cual lo dejaste. No la deje comer ni una cucharada.

—Qué malo que sos...

—Y que no diga nada porque fui suave.

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