Capítulo 29 (Bruno)

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Los días van pasando y Barbi va viento en popa con la remodelación del loft. Después de todo, resulto ser una muy buena mandando. Los tiene saltando sobre una plancha caliente a todos los obreros.

El primer día de la reforma, habíamos citado a un obrero para explicarle lo que necesitábamos hacer. Estaba hablando con el hombre cuando se abre la puerta de repente y aparece Barbi apurada; ella en ese sentido es igual a mí, no le gusta llegar tarde a ningún lado. La loca, vino vestida con un jean y remerita corta pegado al cuerpo y sus botas de caña alta y taco aguja. ¿Cómo puedo describir con palabras la cara del pobre hombre cuando la vio entrar? Era una obra de Picasso. Se la quedó mirando con la boca abierta.

Ella ni lo registró, está acostumbrada a que los tipos reaccionen así o peor, y se sabe manejar más que bien.

—Perdón, se me quedo el auto —dice acercándose a nosotros—. Soy Bárbara, hermana de Bruno. —se presenta estirando la mano para saludarlo.

—Es un gusto, señorita.

—Llámeme Bárbara —le dice y luego mirándome a mí dice—: ¿En qué estaban?

—Recién estamos empezando. Le estaba explicando que el lugar va a ser una editorial y justo entraste vos.

—Buenísimo. Seguí.

Me sonrió ante la cara de hombre que la sigue mirando de reojo.

Le explico que es lo que necesitamos hacer y qué es lo que sí o sí necesito que este en perfectas condiciones, es la instalación eléctrica, ya que va a tener muchas cosas conectadas y por mucho tiempo.

—Mi hermana es la que se va a encargar de todo. Así que cualquier cosa habla con ella.

—Perfecta... —dice mirándola—, perdón perfecto. —hago lo que puedo para no comenzar a reír a las carcajadas. Barbi, pone los ojos en blanco y no dice nada.

—¿Arrancan mañana a las ocho? —le pregunto.

—Mañana a las ocho estoy acá con los otros obreros.

—Muy bien. Creo que eso es todo. —le digo al hombre dándole la mano. Saluda a Barbi y lo acompaño hasta la puerta.

—Trata de mañana no venirte vestida así, vas a matar a uno de un bobazo. —le digo acercándome a mi hermana.

—Mira si voy a venir vestida de otra forma por un par de babosos. Quedate tranquilo que el primero que me mire el culo demás, lo corto menos diez.

—Eso no tengo la menor duda. Digo para evitar problemas.

—Yo no me voy a vestir distinto, los que se tienen que controlar son ellos. Si no, les meto una patada en el culo y a la calle.

Me rio, sé que va a ser así.

A la noche siguiente, Barbi me llama para pasarme el parte de lo que hicieron. Entre toda la conversación me dice:

—Hoy le metí freno de movida. Parecían perros en celo. Estaba con la compu buscando insumos para ir viendo los precios, cuando levanto la vista y los veo que me están mirando. Imaginate yo, me pare y me acerque a ellos taconeando y les dije: "Vamos a dejar las cosas en claro, para evitar arruinar mis botas metiéndoles una patada en el culo; acá vinieron a trabajar y no a hacerse pajas mentales. Así que muevan el culo.". Ahora son un violín recién afinado.

Me hubiese gustado ver eso... Todavía me acuerdo y rio solo.

El sábado a la mañana la llamo a Lola para arreglar para vernos. Cada vez me cuesta más estar lejos de ella tantos días.

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