Capítulo 13 (Lola)

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Como era de esperarse, cuando se hace de noche suena el teléfono. Es Carmen.

—Estoy sentada en el sillón de casa con un terrible taper lleno de pochoclos, lista para escuchar cómo te fue con ese bombón, que por cierto no me mostraste fotos.

Me rio. Carmen es una mujer sumamente divertida y está absolutamente loca.

Tratando de contener la risa digo simulando ser un contestador automático:

—Usted se ha comunicado con la casa de Lola, si quiere dejar un mensaje hágalo después de la señal. Piiii...

Escucho que se ríe y dice:

—Hola, imagino que debés estar haciéndote un baño de asiento después de la actividad de hoy, pero cuando puedas y te dejes de hacer estupideces, ¿podés empezar a contarme que tal te fue?

Comienzo a reírme.

—¿Cómo estás? —le pregunto solo para hacerla enrabiar.

—Yo bien. Acá esperando... ¡¡Contame!!

—¡Bueno! No me grites. Estuvo todo super bien. Fuimos a comer a un resto que iba él de chico, después a tomar un helado. Conocí a la hermana menor...

—¿Cómo que conociste a la hermana?

—Si, estábamos en la heladería y justo pasó. Es hermosa. No sabés el lomazo que tiene. Me sentí un adefesio.

—Y si son de los mismos padres, no puede ser un bicho. ¿Y después?

—Después nos fuimos al Rosedal. ¡No sabés lo lindo que está!

—¿Quién?

—El Rosedal, Carmen.

—No me importa el Rosedal ¿y, qué pasó con el bombón?

—Nada.

—¿Cómo que nada?

—Eso, nada. Me llamo el idiota de Roberto, con la excusa berreta, que tenía que hacer no sé qué cosa y me trajo a los chicos un par de horas antes. Así que me tuve que volver; y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

—No te lo puedo creer... —me dice masticando algo.

—¿Estas comiendo?

—Te dije que estaba con los pochoclos...

—Pensé que me estabas jodiendo. Lo voy a tener en cuenta para cuando me digas que estas con alguno de tus juguetitos...

—Cuando sea el caso, voy a tratar de disimular —escucho que se ríe. —Volviendo al tema del idiota de tu ex, ¿querés que contrate a algún sicario? Te juro que no me jode para nada, es más, yo lo pago y le doy propina al tipo.

—Por ahora no, es que los chicos se encariñaron. Pero si empieza a joder mucho te aviso.

—Así que te cagaron la tarde...

—A ver... pudo haber sido mejor. Pero la pase re bien con Bruno. Es un tipo super... agradable.

—¿Lo que se escucha que gotea, es tu baba? ¿O pierde alguna canilla?—me dice la tarada y me hace reír.

—Puede ser. ¡Ah! ¿No sabés lo que pasó?

—Se me están ocurriendo mil cosas, una más zarpada que la otra. Pero contame...

—Cuando fuimos a comer, la camarera se olvidó que yo estaba ahí y se lo estaba queriendo levantar; vos bien sabes lo que me jode eso.

—Si. ¿Pero no me vas a decir que le dijiste algo? —me pregunta y sé que ya se imagina que es lo que hice.

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