Después de esa interrupción recurrente por parte de mi cuñada, nos vamos los tres a almorzar a un restaurante muy lindo y moderno con vista al río; que esta no muy lejos del departamento de Bruno. Es un día hermoso para estar al aire libre.
Nos sentamos los tres en una mesa en la terraza del restaurante. Doy gracias que tenga una gran sombrilla blanca que nos cubra del sol, si no en un rato me convierto en camaleón. No hay mucha gente, solo unas pocas personas disfrutando de la vista y la comida, mientras hablan.
—¿Qué vas a querer hermosa? —me pregunta Bruno acariciándome la mano. Lo miro. Tiene puestos unos anteojos de sol espejados, en donde me veo reflejada; por el amor a Dios, va a hacer que me dé algo.
Barbi nos mira y se sonríe.
—Dame un minuto. —Sé que voy a terminar pidiendo lo mismo de siempre, alguna pasta rellena, pero antes quiero ver si me tienta otra cosa. Una nunca sabe...
—Yo voy a pedir el ojo de bife cocido con ensalada mixta. —le dice Barbi dejando el menú sobre la mesa. Saca de su cartera unos anteojos de sol negros y se los pone.
Yo no soy de usar anteojos de sol, pero en este momento me vendría muy bien tener uno. El reflejo del sol me está matando.
Dejo de dar vueltas y pido ravioles de ricota, roquefort y nuez, con salsa rosa. Bruno pide lo mismo que yo.
—Ayer fui a conocer el loft —digo sacando conversación—. Tengo que decir que me enamoré.
—Sí, es hermoso. Y cuando esté todo listo, no vas a encontrar palabras para describirlo. —me contesta Barbi.
La observo gesticular y encuentro mucho de Bruno en ella. Es una mujer sumamente hermosa.
—Dichosos los ojos que te ven... —escucho una voz masculina a mis espaldas. Tanto a Barbi como Bruno se les descompone la cara.
Tengo miedo de darme la vuelta; ya me imagino quien es y eso no es bueno.
—No puedo decir lo mismo. —le contesta mi cuñada, tratando de disimular los nervios que tiene.
—Qué lástima que no sientas lo mismo que yo. Me enteré que renunciaste. Ahora no tenés ningún impedimento para venir a trabajar conmigo.
Lo miro a Bruno y esta por explotar. Tiene la mandíbula apretada. Me estiro un poco y acaricio su mano.
—Lástima, pero cambie de rubro. —le dice Barbi.
—Paul, ¿Por qué no te vas de acá y nos dejas tranquilo? ¿No tenés a nadie más a quien ir a romperle las bolas? —dice de repente Bruno poniéndose de pie, empujando la silla y haciéndola caer. Todos los que están en la terraza se dan la vuelta para poder mirarnos. Acá se va a armar una grosa.
—Pensé que no me ibas a hablar después de la paliza del otro día. —le contesta con una sonrisa sobradora.
Me pongo de pie para atajarlos a Bruno, antes que se tire sobre él y terminen a las trompadas. No le conviene empezar una pelea.
—No vale la pena... —le digo por lo bajo, apoyando mi mano en su pecho.
Bruno está sacado, no sé si me está escuchando siquiera. Tiene su mirada clavada en Paul. Tomo su barbilla y hago que me mire. Pero rápidamente vuelve a clava su mirada en el hombre que tengo a mis espaldas.
—Paul, andate y deja de buscarme. No voy a ir a trabajar con vos, ni muerta. ¿Fui clara? —dice Barbi parándose junto a su hermano.
Paul la ignora. No va a ser fácil que la deje en paz.
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El blog de Lola
RomanceLola se gana la vida escribiendo posteos sumamente divertidos y muchos de ellos, atrevidos en el blog de una editorial. Su vida es tranquila, a pesar de los dos demonios que tiene por hijos. Hasta que tiene que escribir una historia un tanto particu...
