Capítulo 17 (Lola)

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Lo veo irse a Bruno. Tengo una sensación de vacío en el pecho. Cierro la puerta y me voy a la cocina. Quiero limpiar y acomodar todo antes que lleguen los chicos. No quiero que sospechen nada, sobre todo a Alan que no se le escapa una.

Comienzo a levantar las cosas sucias que dejamos en la mesa de la cocina, cuando suena el timbre. Miro la hora, los chicos tienen que venir dentro de una hora y media por lo menos. Dejo las cosas y me voy a ver quién es.

—Si llegan a ser los chicos, juro por lo que más quiero, que lo mato a Roberto. —murmuro mientras voy hacia la puerta.

Cuando abro me la encuentro a Carmen parada en la puerta. Lleva esa sonrisa socarrona de que está pensando cosas chanchas...

—¿Pusiste cámaras en la casa? Bruno se acaba de ir... —le digo haciéndome a un lado para que pueda pasar. Realmente tengo miedo que las haya puesto.

—Sí, hace como quince días... —me contesta. Por reflejo nada más, levanto la mirada buscándolas.

—¿Pensás que sería capaz? —dice haciéndose la ofendida.

—No tengo la menor duda. —le contesto seria.

—Definitivamente lo haría y más ahora que vi lo que te estás comiendo... ¡Por el amor a Dios, como estás ese hombre! ¿No tiene un gemelo?

—No, una gemela. ¿Si para vos es lo mismo...?

—Si está tan buena como él, soy capaz de probar cosas nuevas... Ahora me pregunto, la genética, ¿Qué le habrá dado grande a esa mujer?

—¡Ay Carmen, ya generaste una imagen innecesaria en mi cabeza!

Mi amiga se ríe a las carcajadas. Entramos en la cocina y ella se sienta a la mesa.

—¿Querés tomar unos mates? —le pregunto.

—Si no te duele la mandíbula... —me dice con picardía.

—¡No seas estúpida! —protesto mientras pongo la pava sobre el fuego.

—Hasta esta mañana estaba segura de querer todos los detalles de Bruno. Tamaño real, que hace y deja de hacer. Bueno, vos me entendes y me conoces. Pero después de lo que vi hoy, si llego a tener detalle alguno de él, se fehacientemente que no lo voy a poder mirar más a la cara.

—¿Jodeme que te va a dar vergüenza? —le digo ante la ridícula excusa de mi amiga.

—¡¿Qué vergüenza?! No lo voy a poder mirar más a la cara porque le voy a estar mirando el bulto... —me dice y comienza a reír a las carcajadas.

Esa si es mi amiga. Y doy fe que sería así.

—Hoy estás potenciada.

—Y si querida, sabés lo que es que golpee a tu puerta y me abra semejante bombón y en calzones... Más después de tantos años que me abriera el estúpido de tu ex.

—No lo llames. Qué todavía tengo un rato más.

—Lo único que te voy a preguntar es, ¿la pasaste bien?

—Más que bien... —le contesto con una gran sonrisa.

—Me pone muy contenta por vos. Te mereces un "gran" tipo como Bruno. —me dice con doble sentido.

—No podés con vos misma... —le digo riendo.

—Da gracias que te dije eso, y que no te pregunte: ¿qué tanta tela de araña sacó, con la limpieza profunda que te hizo?

—Sos un animal... —le digo a las carcajadas—. Lo único que voy a decir es que parecía una nube de azúcar. —le contesto riendo.

—Mira vos a la mosquita muerta. Haciéndose la puritana y me sale con eso... —Carmen se ríe a las carcajadas—. Esa imagen no me la voy a sacar más de la cabeza. Ya veo que cuando lo vuelva a ver, lo voy a mirar y me lo voy a imaginar con una enorme nube de azúcar rosa señalándome. —me dice entre carcajadas, mientras hace la mímica.

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