CAPÍTULO 45

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Mientras las estrellas brillaban como diamantes en Sendai a Kyoko no le quedaba otra opción más que revolcarse en su cama sin poder dormir.

Sin duda su mente esa noche no le quería permitir un descanso, llevaba horas debatiendo cosas demasiado innecesarias en su cabeza como si eso fuese a resolver algo en su vida aunque entendía perfectamente que lo único que lograba era llenarse de pensamientos invasivos.

Cansada ya de simplemente estar revolviendo las sábanas sin propósito se levanto de su cama y fue hacía la esquina en la que todos sus libros estaban amontonados, rebusco entre los libros para estudiar algo provechoso pero se encontró con un libro que hace años no tocaba en el fondo de la pila.

Ese libro había sido su favorito por años, lo leía constantemente cuando pequeña ya que era bastante corto y simple pero por alguna razón lo adoraba.

Encendió la luz de su habitación con el menor ruido posible y volvió a recostarse en su cama con ahora su libro en manos.

A cada letra, a cada párrafo se sentía como cuando no era más que una niña pequeña sin preocupaciones.

Mientras leía recordaba aquellos tiempos en los que pasaba horas en el patio trasero con su padre jugando una suerte de voleibol.

《Seré una jugadora profesional, papá》

Había sido tan ingenua.

Esos momentos en los que Kaito no era más que un bebé que solo gateaba. Cuando su madre reía de sus ocurrencias de niña pequeña mientras cargaba a su hijo en sus brazos.

Pudo sentir aquel sentimiento de tranquilidad rodeándole, era reconfortante recordar aquellos tiempos en los que su cuerpo era sano y fuerte, cuando aún no estaba obsesionada con su peso y podía ejercitar sin sentir que fuese la peor tortura a la que podían someterle a pesar de hacerlo a diario.

Cuando su padre le sonreía orgulloso cuando fingía hacer un remate.

Cuando todo era fácil porque aún no tenía novio...

¡No! No debía pensar eso, era feliz con Kei, le complementaba como ninguna otra persona podría hacerlo, le hacía reír y querer, le hacia odiar a la par que respetar, estar con él era la mejor combinación de sentimientos existentes.

Pero, ¿Y si había alguien mejor? ¿Y si alguien...?

No, no había nadie mejor que Kei, él era su vida, era todo para ella, cada respiro que daba era con la intención de seguir a su lado, le necesitaba porque lo amaba.

¿Cierto?.

De todas formas, recordar aquello no le serviría de nada, nunca volvería a ser una niña pequeña, ya no podía retroceder en el tiempo solo porque pensara que era muy difícil ser adolescente.

Una vez terminado el libro notó que ya era hora de levantarse. Había leído por horas un libro de niños pequeños pensando en que podría aburrirse y dormir pero la lectura había sido demasiado interesante y ahora debía levantarse para ir a la escuela.

Lanzó un suspiro y se levanto de su cama frotándose los ojos con fuerza para levantarse. Aún podía volver a la cama por una hora más y abstenerse de correr un sólo día.

Pero se levantó una vez más y recogió sus zapatillas deportivas.

.
.
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-¡Señorita Kenjirou! ¡No puede dormir en clases! -la voz de un profesor le despertó de su sueño.

Levantó lentamente su cabeza de la mesa con los ojos aún nublados por el sueño. No dormir le afectaba muchísimo y lo único que quería era que el tiempo pase más rápido para poder ir a casa a dormir.

Moonlight  [Tsukishima Kei]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora