Capítulo 16 - Preludio

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—...solo... no siento que sea el momento, ni el lugar —se excusó, aunque lo que realmente ardía dentro de ella eran dudas: sobre él, sobre Loki, sobre todo—. Lo siento.

—Descuida —respondió Bucky, sin muchas ganas. La frustración le apretaba el pecho, un golpe seco contra su propia expectativa, pero era lo suficientemente inteligente para no mostrarlo. Sería paciente. Esperaría el momento adecuado para ella, cuando fuera el momento de verdad.

Mientras tanto, comenzó a acomodarse la camiseta, aún respirando rápido, intentando bajar la intensidad del deseo que seguía latiendo bajo su piel. Entonces, tres golpes firmes resonaron en la puerta principal.

Stella, con el corazón acelerado por razones muy distintas, terminó de acomodar su ropa de inmediato y caminó hacia la entrada. Al abrir la puerta, un escalofrío helado le recorrió la columna. No podía creer que lo viera justo ahí, justo en ese instante.

Sin pensarlo dos veces, cruzó el marco hacia afuera y cerró la puerta tras ella, casi como un acto reflejo para evitar un desastre.

—¿Tú qué haces aquí? —preguntó, desconcertada, intentando que su voz no temblara.

—Antes que nada —respondió Loki con su tono altivo habitual—, te alegrará notar que toqué la puerta. Cuando perfectamente podría haber aparecido dentro de la casa —remarcó, como si realmente esperara un aplauso—. Por otra parte... hola.

—¿Qué estás haciendo aquí, Loki? —preguntó ella, confundida y cada vez más tensa.

—Tenemos una charla pendiente.

—No creo que ahora sea una buena idea —contestó rápido, intentando mantener el control. Sus nervios estaban al borde; no podía permitir que ambos hombres se cruzaran. No después del día anterior.

—A mí me parece el momento adecuado —afirmó él, sin la menor intención de marcharse.

—Créeme que no lo es —aseguró Stella con un hilo de urgencia—. Si quieres, hablaremos luego —añadió mientras su mano buscaba el picaporte. Tenía que entrar, tenía que distraer a Bucky antes de que Loki...—

—No pienso irme —interrumpió, firme, dando un paso hacia ella—. No hasta que hablemos.

Stella sintió un vacío en el estómago. Estaba sin opciones, atrapada entre ambos mundos... y antes de que pudiera encontrar una salida, la puerta detrás de ella se abrió.

—¿Todo bien, Stella? —preguntó Bucky. Su expresión primero fue de preocupación, pero al ver a Loki se tornó seria, luego molesta, y finalmente francamente hostil—. ¿Otra vez tú? —soltó con fastidio—. ¿Qué haces aquí?

—¿Qué haces tú aquí? —replicó Loki al instante, desconcertado por la presencia del soldado dentro de la casa de la chica. Su ceño se frunció; aquello no lo esperaba.

—¿Vienes a hacer tus truquitos otra vez? —se burló Bucky, con un tono cargado de rabia contenida por lo ocurrido el día anterior.

Loki no se movió ni un centímetro. Solo arqueó una ceja, subestimándolo como de costumbre.

—No desperdiciaría un hechizo para transformarme en un hombre de las cavernas.

El comentario cayó como una chispa en gasolina.

La mandíbula de Bucky se tensó. Su paciencia, ya exhausta, simplemente se quebró. Dio un paso adelante, luego otro, avanzando hacia él sin dudar.

—Ya me tienes harto —gruñó entre dientes, los puños apretados, listo para darle la lección que —según él— Loki llevaba tiempo mereciendo. La que debió darle el día anterior.

PROTEGIDA Parte TresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora