—¿Hola? —contestó el chico del otro lado de la línea.
—Estoy yendo a tu casa, le diré a Cassie que nos vea allí —dijo rápido, en un tono serio y apurado, sin dar ninguna explicación.
—Te escuchas algo extraña —comentó el arácnido—. ¿Sucede algo?
—Tengo un plan.
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—Stell... ¿cómo estás? —saludó el chico amablemente, como siempre, inclinando apenas la cabeza. Stella, sin embargo, estaba absorta en sus pensamientos, con la mirada fija en un punto indefinido del departamento.
—¿Cassie aún no llega? —preguntó, girando sobre sus talones y observando hacia el pasillo, luego hacia la puerta, como si esperara verla aparecer de un momento a otro.
—No... pero no debe estar lejos... —respondió Peter con calma.
—¿Tu tía May está? —interrumpió de inmediato, llevándose una mano al cabello con gesto nervioso.
—No, salió a... —intentó explicar el arácnido, pero Stella era pura ansiedad.
—¿Cuánto crees que tarde? —volvió a interrumpir, caminando de un lado a otro de la sala, el sonido de sus pasos marcando el ritmo de su inquietud.
—Un par de horas... —respondió él, observándola con atención, esperando ser interrumpido otra vez. Esta vez no ocurrió—. Stella, ¿qué pasa? ¿A qué plan te referías por teléfono? —preguntó inquieto al verla tan alterada, con los hombros tensos y el ceño fruncido.
Ella se detuvo por fin, respiró hondo y forzó una leve sonrisa que no alcanzó a sus ojos.
—En cuanto Cassie llegue, te explicaré todo —dijo, sentándose en el sofá con rigidez y apoyando los codos sobre las rodillas.
Fueron unos quince minutos los que esperaron, tal vez los quince minutos más incómodos de la vida para Peter. El silencio se hizo pesado; solo el tic-tac del reloj y el ruido lejano de la ciudad se colaban por la ventana entreabierta. Permanecían sentados en extremos opuestos del sofá, sin mirarse, sin decir una palabra, cada uno atrapado en sus propios pensamientos mientras la tensión se espesaba lentamente en el ambiente.
El timbre sonó por fin. El joven arácnido se levantó de inmediato y se dirigió a la puerta; al abrirla, una jovial y alegre joven cruzó el umbral con una sonrisa luminosa.
—Holaaa —saludó animada la chica Lang, entrando sin perder el entusiasmo—. ¡Stella, holaaa! Me da mucho gusto verte.
La abrazó con calidez, rodeándola con los brazos. Stella apenas reaccionó, devolviendo el gesto de forma automática, con el cuerpo tenso y la mente en otro lugar.
—Cassie, siéntate, por favor —pidió la joven Stark con seriedad—. Debo hablar con ustedes.
El tono bastó para borrar un poco la sonrisa de Cassie. Ella y Peter se sentaron en el sofá, uno junto al otro, mientras observaban a Stella, que permanecía de pie, caminando de un lado a otro de la sala. Sus pasos eran cortos y repetitivos, sus manos se entrelazaban y se soltaban, buscando la forma correcta de empezar.
—Stella... ¿estás bien? —preguntó Cassie con suavidad, ladeando la cabeza con preocupación.
No obtuvo respuesta.
Pasaron varios segundos en silencio, hasta que la chica Stark se detuvo frente a ellos, respiró hondo y por fin se decidió a hablar.
—Bien... —comenzó, con un leve temblor en la voz—. Peter, tú ya sabes de esto.
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PROTEGIDA Parte Tres
FanfictionLa muerte es lo único inevitable y debe aceptarse como tal. La muerte es parte de la vida. Pero hay quienes no lo aceptan. Ganaron la batalla contra el gran Titán, pero perdieron a un héroe. Stella hará lo imposible por cambiar ese destino, viajand...
