Capítulo 32 - Paralaje

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—No sé qué voy a hacer con ella... —se lamentó Pepper, siguiendo con la mirada el auto que se alejaba atrávez de la ventana —. No sé cómo ayudarla.

Se llevó una mano al pecho, como si el aire comenzara a faltarle.

—Hay que darle tiempo —sugirió Steve con suavidad—. Está atravesando un duelo muy duro, y aún no resuelto.

Pepper asintió despacio, con los ojos vidriosos.

—Lo sé. Ella... ella no termina de aceptar que Tony se fue —dijo con pesar, bajando la voz—. Creí que con sus amigos, ahora con Barnes... pensé que lo estaba superando, pero... —negó con la cabeza—. Solo era una fachada.

Steve guardó silencio unos segundos, respetando ese dolor.

—Así parece.

—Ese dolor... —Pepper tragó saliva— no tenía idea de que se sentía así. Siempre se muestra tan fuerte, tan despreocupada... como si nada pudiera romperla.

La voz se le quebró. Intentó contener las lágrimas, pero fue inútil; una rodó por su mejilla antes de que pudiera limpiarla.

—Pepper, esto no es tu culpa —dijo Steve con firmeza, colocándose frente a ella para que lo mirara.

—Lo sé, pero... —suspiró con frustración— no vi las señales. —Alzó la vista, como recordando algo—. ¿Sabes que el otro día estrelló su auto? No me dijo nada. Llegó al día siguiente con heridas que creyó que no lo noté, actuaba como si nada hubiera pasado. —Negó lentamente—. ¿Por qué no me dice las cosas?

Steve respondió sin dudar, con una tristeza serena en la mirada.

—Porque no quiere preocuparte. Tú también estás en tu propia lucha, y Stella lo sabe.

Pepper cerró los ojos un instante, dejando que esas palabras calaran. Cuando volvió a abrirlos, el miedo seguía allí... pero también la determinación de una madre que aún no estaba dispuesta a rendirse.

—Debo ir a buscarla —dijo Pepper con rapidez, mirando a su alrededor, buscando las llaves, decidida.

—Yo te aconsejaría que no lo hagas —intervino Steve, dando un paso al frente para detenerla—. Stella necesita tiempo a solas. Lo que hizo... y lo que dijo, no estuvo bien. Ella lo sabe. Ahora mismo necesita pensar, ordenar todo eso, ese caos en su cabeza.

Pepper se quedó quieta, respirando hondo, él tenia razón. Finalmente, asintió con un gesto cansado.

—Además —añadió Steve con una leve media sonrisa—, las llaves que estás buscando... son las mismas que ella se llevó.

Pepper no pudo evitar sonreír, una sonrisa breve y triste a la vez. Negó con la cabeza, resignada.

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.

—Gracias por traerla hasta aquí —dijo más tarde, mientras acompañaba a Steve hacia la salida—. Y gracias... por salvarla. Se haya enojado o no, algo muy grave pudo haberle pasado. Al menos ahora está a salvo.

Steve se detuvo un instante antes de responder.

—No hay que confiarnos —advirtió con seriedad—. Sabemos que puede ser muy terca. Por lo pronto, repararemos la máquina y devolveremos las gemas con total discreción.

Pepper lo miró con gratitud sincera.

—Gracias, Steve.

El Capitán asintió, y al cruzar la puerta, ambos supieron que lo más difícil no había sido el viaje en el tiempo... sino lo que aún quedaba por sanar.

PROTEGIDA Parte TresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora