Capítulo 26 - Vínculo

58 3 3
                                        

—Esto es una locura —repetía Peter sin parar, avanzando con cuidado mientras iluminaba el camino con el haz tembloroso de su linterna. La luz apenas lograba atravesar la oscuridad de las alcantarillas, reflejándose en el agua turbia que les cubría los tobillos y en los restos de escombros oxidados que sobresalían del suelo.

—No es lo peor que hemos hecho —respondió Stella caminando a su lado, encorvada por lo estrecho del lugar, sujetando su propia linterna con firmeza mientras esquivaba un tubo caído—. Ni de cerca.

—No será lo peor que tú hayas hecho —replicó él, alzando un poco la barbilla con falsa dignidad—. Yo no suelo meterme en problemas de este tipo.

Stella soltó una breve risa nasal, ladeando la cabeza para mirarlo.
—No es lo que recuerdo —dijo con un tono cantado claramente burlón.

—Yo no fui novia de un anciano nórdico que se autodenomina el dios del engaño —contraatacó Peter, alargando las palabras también con ese tono cantado.

—Ok... ganaste —admitió ella con una sonrisa ladeada, levantando una mano en gesto de rendición—. Pero no es un anciano...

—Claro que no —se burló él—. Mil quinientos años son los nuevos treinta.

—¡Peter! —protestó entre risas, empujándolo suavemente con el hombro—. ¿Por qué mejor no hablamos de ti...? —sugirió, bajando un poco la voz mientras el eco de las alcantarillas amplificaba cada sonido—. ¿Hay alguna chica?

Peter dudó. El ritmo de sus pasos se volvió más lento y la linterna descendió apenas, iluminando el agua a sus pies.
—No... claro que no —respondió apenado—. Había una... pero nunca fue correspondido.

Stella notó el cambio en su expresión sin necesidad de mirarlo de frente. Sabía perfectamente a quién se refería.

—Entonces debe ser una tonta —dijo, intentando sonar ligera.

—No lo es... —respondió él casi de inmediato, con un dejo de tristeza en la voz, girando la cabeza para mirarla—. Es maravillosa. Un poco terca, sin dudas —añadió con una media sonrisa que se desvaneció rápido—. Está enamorada de otra persona.

Stella bajó la mirada, cuidando sus pasos para no resbalar, sintiendo el peso de esas palabras más de lo que le gustaría admitir.
—Ya veo... —murmuró, sincera, antes de forzar un tono más liviano—. Oye... ¿y MJ?

Peter la miró sorprendido, con un gesto entre avergonzado y descolocado.
—¿MJ? —repitió, rascándose la nuca mientras apartaba la mirada.

—El otro día te vi hablando con ella —comentó Stella, avanzando con cuidado—. Es bonita.
Lo dijo con naturalidad, esquivando un charco oscuro mientras levantaba un poco la linterna.

—Sí que lo es... —confirmó el chico tras un segundo—, pero no lo sé. A veces parece que le agrado y otras... —hizo un gesto con la mano, inseguro— otras siento que solo quiere golpearme.

Stella dejó escapar una breve risa, suave, casi cómplice.

—El amor es así —le aseguró, con un tono más reflexivo. Sus pasos se volvieron más lentos mientras hablaba, como si el recuerdo pesara—. A veces te acerca y otras te empuja lejos.
Pensó, sin querer, en sus propias experiencias, recordando a, Loki. En momentos compartidos y en otros llenos de choques y silencios.
—Y no, no quiere golpearte —añadió—. Solo aparenta ser ruda y despreocupada.

Peter frunció el ceño, genuinamente confundido.
—¿Y por qué haría eso?

—Para que no la lastimen —respondió Stella casi sin pensar. Tan automático fue el comentario que siguió caminando unos pasos más, sin notar que Peter se había detenido detrás.

PROTEGIDA Parte TresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora