—Dime —dijo finalmente—. ¿Por qué?
La realidad le cayó de golpe. Entre la comida caliente, el vino y la naturalidad con la que él se había comportado, por un momento Stella había olvidado a qué había ido... y todo lo que había pasado. Pero Bucky tenía razón. Necesitaba una respuesta. Necesitaba entender por qué ella le había roto el corazón de esa manera. Porque eso era lo que había hecho. Y se sentía traicionado.
—Bucky... —murmuró, bajando la mirada—. No sé por dónde empezar.
—Tómate tu tiempo —respondió con calma, recostándose hacia atrás en la silla. No apartó los ojos de ella, y su expresión seguía siendo seria, atenta, paciente.
Stella respiró hondo, como si le costara llenar los pulmones.
—Yo... le hice una promesa a Morgan y... —comenzó, con la voz temblorosa— después todo se me fue de las manos.
Tragó saliva. El nudo en su garganta se apretó.
—Nada fue planeado —continuó, casi en un susurro—. Yo creí que podía manejarlo, que solo era... una cosa pequeña. Pero no lo fue.
Las palabras se le amontonaban en la cabeza. El desespero, la angustia, el dolor acumulado, todo había ido empujándola de una mala decisión a otra. Sintió el estómago cerrarse con fuerza; por un segundo pensó que iba a vomitar. Sus manos comenzaron a temblar sobre la mesa, y las escondió entre sus piernas, apretándolas con fuerza.
No se atrevía a levantar la mirada.
—Nunca quise que terminara así —dijo al fin, con la voz quebrada—. Nunca quise hacerte daño.
El silencio se estiró entre los dos. Largo. Denso. Solo el leve zumbido del ambiente llenaba el espacio. Stella cerró los ojos unos segundos, intentando ordenar sus ideas, elegir las palabras correctas... si es que existían.
Entonces él habló.
Bucky se enderezó en la silla y entrelazó ambas manos sobre la mesa. Sus nudillos se tensaron apenas.
—Stella, sé que llevas una carga —dijo con sinceridad—. Una muy pesada. Yo... ya estuve ahí. —Hizo una breve pausa, bajando la voz—. Y aún trabajo en eso.
Levantó la mirada hacia ella, sin dureza, pero con una tristeza evidente.
—No te justifico —continuó—, pero entiendo ese dolor.
El silencio volvió a colarse entre los dos, espeso. Entonces su expresión cambió. Algo se quebró en sus ojos.
—Lo que quiero saber es... ¿por qué yo? —preguntó, con la voz cargada de dolor—. ¿Por qué me usaste así?
Stella levantó la mirada de inmediato, sobresaltada.
—Bucky, no es como crees —dijo apresurada—. Sí, intenté que me dieras información, sí, pero...
—Todo. —La interrumpió en voz baja.
Se pasó ambas manos por el rostro, como si necesitara despertarse de una pesadilla.
—Todo fue una maldita mentira.
Se levantó de golpe. La silla raspó el suelo con un sonido seco. Le dio la espalda, apoyó las manos en la cintura y soltó un suspiro largo, cargado de rabia contenida.
—¿Qué? —Stella se puso de pie también—. No... no. —Negó con la cabeza—. No es lo que tú crees.
Intentó acercarse un paso, pero se detuvo, insegura.
—Déjame explicarte...
Bucky cerró los ojos un segundo, como si se obligara a recomponerse. Luego se dio la vuelta despacio, volvió a la mesa y apoyó ambas manos sobre la madera. Su postura era firme, controlada, pero la tensión se le notaba en los hombros.
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PROTEGIDA Parte Tres
FanfictionLa muerte es lo único inevitable y debe aceptarse como tal. La muerte es parte de la vida. Pero hay quienes no lo aceptan. Ganaron la batalla contra el gran Titán, pero perdieron a un héroe. Stella hará lo imposible por cambiar ese destino, viajand...
