Capítulo 2 - Tony Stark

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Ya casi era la hora; los Vengadores, los Guardianes, amigos... todos se reunirían para despedir a Tony.

Stella había intentado animar a la niña toda la mañana sin éxito. Morgan, aunque pequeña, entendía la situación. Sus manitas inquietas y su mirada caída reflejaban el mismo dolor que todos llevaban encima.

—¿Te duele mucho? —preguntó la pequeña, observando por enésima vez el lado herido del rostro de su hermana.

—No mucho —respondió Stella, restándole importancia mientras apartaba el cabello de su cicatriz, intentando olvidar la imagen de quien se la había causado.

—Mamá dice que ayudaste a papá a salvar a todos.

—¿En serio dice eso? —preguntó, sorprendida. Morgan asintió con entusiasmo tenue.
—Pues... la que ayudó más fue ella. Debías verla volar en su traje, se veía asombrosa —relató Stella, y Morgan sonrió suavemente al imaginarlo.

—Ya debo irme, te pondré tu vestido antes —comentó Stella mientras revisaba el clóset. Entre las perchas, encontró la pequeña prenda negra. Al sacarla, Morgan la miró con curiosidad, arrugando la nariz.

—¿Por qué tiene que ser negro? —preguntó con voz baja. Stella respiró hondo, buscando palabras suaves. Explicar funerales a una niña siempre dolía.

—Es una tradición —respondió sin profundizar—, pero si no te gusta, puedes usar otro de cualquier color —añadió con una sonrisa leve. Era una niña; nadie se atrevería a juzgarla por llevar color.

—No, este está bien entonces —dijo Morgan, observando su vestido con un suspiro, pero aceptándolo. Se dejó vestir sin protestar, aferrándose a la mano de Stella.

—Muy bien... ahora yo me iré. Vendré en la noche, ¿sí? —dijo Stella tomando su celular, evitando mirar hacia el ventanal que daba al jardín donde ya habían comenzado a colocar todo para el funeral.

—¿Por qué te vas? —preguntó la pequeña con esa mirada inocente que desarmaba a cualquiera, los ojos grandes y brillantes, llenos de tristeza.

—Tengo cosas que hacer —contestó Stella suavemente. Morgan la miró como si temiera que no regresara.
—Pero vendré luego, te lo prometo —aseguró, inclinándose para acariciar su cabello con delicadeza antes de salir de la habitación, sintiendo cómo el peso en su pecho se hacía aún más pesado al cerrar la puerta detrás de ella.

.

.

—Ya me voy —avisó Stella en voz alta mientras descendía los últimos escalones, buscando a Pepper en la planta de abajo. La casa estaba inusualmente silenciosa, cargada de una tensión triste que parecía adherirse a las paredes.

—¿A dónde irás? —preguntó la rubia, asomándose desde la cocina con un paño entre las manos, como si hubiese estado limpiando solo para mantener su mente ocupada.

—A donde sea... —respondió Stella, encogiéndose de hombros. Caminó hacia ella lentamente, como si cada paso le pesara, y la rodeó con los brazos en un abrazo breve pero necesitado. El contacto apenas duró unos segundos antes de que el ruido de la puerta principal las hiciera separarse.

—Permiso —dijo Happy al entrar, empujando la puerta con suavidad—. La puerta estaba abierta —añadió torpemente, notando que había interrumpido un momento delicado.

—Adelante, Happy —respondió Pepper con una amabilidad cansada. Ella le había pedido llegar un poco antes para ayudarla a recibir a los demás, aunque ambos sabían que nada podría realmente prepararlos para lo que estaba por venir.

PROTEGIDA Parte TresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora