Había pasado la noche sin dormir. Tenía una idea rondándole la cabeza y no descansaría hasta convertirla en un plan perfecto. No decepcionaría a su hermana, eso nunca. No sabía por dónde empezar, pero de alguna manera se las ingeniaría.
Las cosas con Pepper no habían mejorado mucho; casi nada, en realidad. Y si supiera a dónde se dirigía ese día, probablemente empeorarían. Salió temprano por la mañana y, aunque se había prometido no causar más problemas, alejarse de ellos y continuar con su vida, simplemente no podía. De una u otra forma siempre terminaba envuelta en algo; de algún modo, sus caminos siempre se cruzaban.
Estacionó el auto frente al apartamento, apoyó la frente un segundo contra el volante y respiró profundo, intentando ordenar sus pensamientos y ensayar una conversación en su mente. Estaba nerviosa, sin dudas. Sabía que, en teoría, todo estaba bien entre ellos, pero después de aquella pelea, después de lo sucedido y de lo dicho, resultaba extraño aparecer tan pronto.
Bajó del auto, cerró la puerta con cuidado y caminó hacia la entrada. Antes de tocar, volvió a inhalar hondo, como si necesitara reunir valor, y finalmente llamó a la puerta.
La expresión del hombre al abrir fue de absoluta sorpresa al verla allí... aunque no tanto como la de Stella al encontrárselo recién levantado, despeinado y sin camiseta. Sus ojos se desviaron un segundo, casi de forma involuntaria, antes de volver a su rostro.
—Stella —mencionó él, aún sorprendido, apoyándose en el marco de la puerta.
-Bucky, hola- dijo con una sonrisa nerviosa, intentando mantener sus ojos en el rostro del hombre y no más abajo. Talvez sus sentimientos no eran los mismos, pero el atractivo del hombre era algo indudable y Stella en ese aspecto, era tan humana como cualquiera.
—Por favor, pasa —la invitó el hombre, haciéndose a un lado para darle espacio—. Adelante, siéntate. Iré a ponerme algo.
Sin esperar respuesta, desapareció por el pasillo. Stella escuchó cajones abrirse y cerrarse, pasos apresurados y el murmullo de alguien intentando domar, sin mucho éxito, un cabello indomable.
Volvió al poco tiempo, ya vestido, aunque aún con ese aire desordenado de quien acababa de despertar. Su expresión dejaba ver una mezcla clara de júbilo por su presencia y confusión por la inesperada visita. No se anduvo con rodeos.
—Me sorprende que estés aquí —comentó, cruzándose de brazos—. Creí que no querías verme.
Stella respiró hondo, procurando no dejar que los nervios se notaran. Se aferró a la idea que la había traído hasta allí: lo hacía por un bien mayor. Por Morgan. Y dejó que la conversación fluyera.
—Creo que te debo una disculpa —dijo, mintiendo con sorprendente naturalidad.
El hombre la miró, claramente desconcertado.
—Por favor, siéntate —pidió mientras se dirigía a la cocina y comenzaba a preparar café para ambos—. ¿Una disculpa? —preguntó por encima del hombro—. ¿Por qué deberías disculparte? Creí que estaba todo bien entre nosotros.
Stella tomó asiento, acomodándose en la silla, y entrelazó los dedos sobre la mesa.
—Y así es... pero yo... creo que exageré un poco el otro día —respondió con cautela.
Él se acercó, le tendió una taza de café humeante y se sentó frente a ella, apoyando los codos sobre la mesa.
—Oye, tranquila —dijo con ligereza—. Fue una situación muy tensa, y me disculpo por eso —añadió, restándole peso al asunto—. Es normal que hayas reaccionado así, que ya no quisieras verme... o al otro sujeto.
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PROTEGIDA Parte Tres
FanfictionLa muerte es lo único inevitable y debe aceptarse como tal. La muerte es parte de la vida. Pero hay quienes no lo aceptan. Ganaron la batalla contra el gran Titán, pero perdieron a un héroe. Stella hará lo imposible por cambiar ese destino, viajand...
