Capítulo 41 - Parte del viaje, es el final

47 4 1
                                        

   

  Era tarde en la madrugada. Intentó varias veces cerrar los ojos. Una y otra vez. Intentó dormir, pero no había forma; todo seguía dando vueltas en su cabeza, como un mecanismo imposible de detener.

¿Qué había hecho mal?
¿Por qué no funcionó?
¿Por qué devolvió la gema?


   Dio vueltas en la cama, enredándose entre las sábanas tibias. Se levantó con un suspiro pesado, caminó hasta la ventana y la abrió apenas. El aire frío de la noche entró lentamente en la habitación, rozándole la piel todavía sensible. Respiró hondo, apoyando las manos en el marco de madera, intentando vaciar la mente... pero los pensamientos no se iban.
Volvió a la cama. Se acostó. Cerró los ojos.

Nada.

El ciclo se repitió.

Finalmente, se dirigió al baño con pasos lentos, arrastrando el cansancio. Abrió la ducha y dejó que el agua caliente cayera sobre su cabeza durante largos minutos, resbalando por su cabello, sus hombros y su espalda. Permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, esperando que el ruido constante del agua apagara los recuerdos.

No funcionó.

Flashes de Vormir aparecían en su mente como relámpagos, el precipicio infinito, el viento helado, el espectro flotando en silencio, la gema brillando entre sus manos... y aquellas palabras ambiguas repitiéndose una y otra vez.

     Salió de la ducha lentamente. El vapor había empañado los vidrios y los espejos, cubriendo todo con una neblina espesa. Se envolvió en una toalla y caminó descalza hasta el lavamanos.
Pasó la mano por el espejo. Apenas un espacio pequeño se despejó, revelando una parte de su rostro entre el cristal borroso. 

  Frunció levemente el ceño y volvió a pasar la mano, esta vez con más fuerza, limpiando la humedad por completo.

    Se quedó allí, contemplando la imagen que el espejo le devolvía. Sus ojos cansados. La cicatriz en su rostro. El cabello húmedo cayendo desordenado sobre sus mejillas.
Se miró fijamente. A ella misma. A esa Stella que el espejo reflejaba. Y entonces, otra vez, los recuerdos. Las imágenes. El vacío de Vormir. La gema cayendo en la oscuridad. Y la voz del espectro retumbando en sus oídos:

"A veces la respuesta está justo frente a nuestros ojos."

Se quedó en silencio.

Contempló su reflejo unos segundos más, inmóvil, con el agua aún deslizándose por su cuello y perdiéndose en la toalla. De pronto, sus pupilas se dilataron. Abrió los ojos de par en par, como si una verdad inmensa, antigua, hubiera encajado al fin en el lugar correcto.

El pecho se le expandió con una inhalación brusca.

—Eso es... —susurró para sí.

Las piezas, una tras otra, comenzaron a ordenarse en su mente. Las palabras del espectro. La intensidad de la gema. El momento exacto en que decidió soltarla. No era un error. No era un fracaso. No aún.

Salió del baño casi sin sentir el suelo bajo sus pies. Se vistió con rapidez, con movimientos precisos, decididos. Se secó el cabello a medias y lo acomodó sin demasiada atención; no importaba la perfección, importaba el tiempo. Tomó sus zapatillas en la mano, su mochila del respaldo de la silla y abrió la puerta de la habitación con cuidado.

El pasillo estaba en penumbra.

Bajó las escaleras despacio, evitando que los escalones crujieran. El silencio de la casa era profundo, cálido. Se detuvo primero frente a la habitación de Morgan. Empujó la puerta apenas lo suficiente para asomarse. La pequeña dormía abrazada a su almohada, el cabello desordenado sobre la frente, respirando con esa calma que solo tienen los niños.

PROTEGIDA Parte TresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora