Stella...
Dejé a Loki allí, solo, y en su rostro solo se notaba la molestia y la tristeza que sentía; pero ¿qué podía hacer? Él debía entender, debía entenderme. No tenía cabeza para nada, mucho menos para intentar retomar algo que sucedió hace años.
Llegué a la casa tan rápido como pude. Todos seguían en el borde del lago; se me partió el corazón al verlos. Hubiera deseado despedir a papá junto con Pepper y mi hermana, pero era demasiado doloroso. Además, tener que cruzarme con ellos, con todos los que estaban allí, después de lo que había dicho, después de infantilmente desaparecer dos días... no podía. No sabía cuáles serían sus reacciones al verme. Mi cabeza era un torbellino de pensamientos y emociones.
Entré despacio por la puerta de atrás, con cuidado de no ser vista. Estaba casi segura de que Fury me había visto, ya que él no estaba con el resto, estaba más apartado, observando en silencio con esa postura rígida e imperturbable; pero no me importó. Era una de esas pocas personas a las que no me importaba en lo más mínimo lo que pensara.
Subí a mi habitación rápidamente. Cerré la puerta, miré a mi alrededor... y sentí cómo todo mi mundo se derrumbaba.
Me arrojé al suelo y me senté contra una pared, dejando que mi espalda golpeara con un pequeño ruido apagado. Tomé la primera almohada que encontré, la coloqué sobre mi cara y, presionando fuertemente... grité. Grité tan fuerte como pude, tan alto que creí que se escucharía incluso a través de la almohada.
—¿Por qué...? —me pregunté molesta, llena de dolor—. ¿Por qué tenía que estar pasando esto? ¿Por qué?
No paraba de preguntármelo.
—¿Por qué tenías que ser tú? ¿Por qué, papá? —solté con la voz rota.
Lloraba de una manera desconsolada, con dolor, con rabia, deseando golpear y romper todo a mi alrededor, liberar todo ese dolor que sentía... pero no lo hice. Contuve la rabia, contuve el llanto apretando mi mandíbula, mordiendo mis labios con tanta fuerza que casi me dolían.
De pronto comencé a sentir cómo se me dificultaba respirar. El pecho me comenzaba a doler, demasiado, como si me colocaran algo muy pesado encima. Mi respiración empezó a entrecortarse. Miré alrededor, desesperada, sin entender.
¿Tal vez me estaba dando un infarto? Fue lo primero que pensé. Sentí miedo; el dolor aumentaba y me costaba mucho respirar. Me presioné el pecho con una mano temblorosa, intentando que el dolor cesara mientras intentaba tomar grandes bocanadas de aire... pero era inútil.
—Es un ataque de ansiedad —dijo el hombre que entró en mi habitación sin que siquiera lo notara. Aún con la respiración agitada lo miré, fastidiada. ¿Qué hacía aquí?
—También le llaman ataque de pánico —aclaró—. Intenta respirar calmada, inhala y exhala —ordenó, mirándome con las manos en los bolsillos.
Le di un vistazo rápido. Era la última persona que hubiera deseado ver en un momento así, pero seguí su consejo: inhalé por la nariz y exhalé por la boca, repetidas veces, hasta que el dolor y la fatiga se desvanecieron lentamente. Mi pecho dejó de oprimirse y sentí mis manos temblar, aflojándose sobre mis piernas.
—¿Por qué está aquí? —pregunté sin siquiera mirarlo, limpiándome con torpeza las lágrimas de los pómulos.
—Te vi entrar —respondió el hombre del parche—. Sé que soy la última persona que quisieras ver, pero creí que tal vez querías hablar con alguien —añadió mientras se sentaba en el borde de la cama, justo frente a mí. Su voz sonó más suave de lo normal.
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PROTEGIDA Parte Tres
FanfictionLa muerte es lo único inevitable y debe aceptarse como tal. La muerte es parte de la vida. Pero hay quienes no lo aceptan. Ganaron la batalla contra el gran Titán, pero perdieron a un héroe. Stella hará lo imposible por cambiar ese destino, viajand...
