Capítulo 36 - Atraco al tiempo/parte 1

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—Steve —lo llamó Bucky, apresurando el paso para alcanzarlo, pero él continuó avanzando con determinación, ldespués de dejar las gemas restantes en manos de Bruce.

—Steve, ¿qué rayos haces? —preguntó al alcanzarlo, sujetándolo del hombro con firmeza—. ¿Qué pasa?

Steve se detuvo al fin.  Giró el rostro primero hacia Sam y Banner, que observaban desde unos metros más atrás, intercambiando miradas inquietas, y luego volvió la vista hacia Bucky. Bajó la voz instintivamente.

—Stella debe hacer esto conmigo —dijo con seguridad, sin titubeos.

Bucky frunció el ceño, desconcertado, soltando despacio el hombro de su amigo.

—¿De qué estás hablando?

Steve respiró hondo. Sus facciones, marcadas por el cansancio, parecían extrañamente serenas, como si algo hubiese encajado por fin en su interior.

—Por fin lo entendí, Buck.

—¿Qué...?

—Iré por ella. Por favor, explícaselos a ellos —dijo sin más.

Antes de que Bucky pudiera responder, Steve ya se había girado mientras se alejaba hacia el auto, dejando atrás a sus amigos, el murmullo del equipo y la duda inquietante.


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    Tras un viaje silencioso y reflexivo, en el que se cuestionó una y otra vez la decisión tomada, Steve llegó por fin a la casa Stark. 

Al tocar la puerta, fue Pepper quien lo recibió.

—Rogers —dijo sorprendida al verlo—. ¿Qué haces aquí? —preguntó con una sonrisa automática que, apenas unos segundos después, se borró de su rostro—. No me digas que... —murmuró, suponiendo lo peor.

Sin esperar respuesta, lo dejó solo en la entrada principal. Giró sobre sus talones y corrió hacia la parte trasera de la casa; abrió la puerta que daba al jardín y salió a paso rápido, casi apurado, hasta acercarse a la orilla del lago.

A lo lejos, en el otro extremo, distinguió la silueta de la chica aún sentada allí. Pepper se llevó una mano al pecho y soltó un suspiro de alivio al comprobar que seguía en el mismo lugar, inmóvil, pequeña frente a la extensión del agua.

Segundos después, Steve apareció detrás de ella. Se detuvo a su lado con calma, siguiendo su mirada, observando también a Stella desde la distancia. El lago estaba en quietud, apenas ondulado por una brisa suave; el ambiente era sereno, pero cargado de una tristeza palpable.

—Ha estado ahí todo el día —dijo Pepper sin apartar la vista, con una mezcla de preocupación y culpa al pensar en lo que la joven estaba atravesando.

—Creo saber por qué —respondió el Capitán con voz grave.

Se adelantó un paso, decidido.

—Hablaré con ella.

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    Steve caminó hacia ella a paso tranquilo, midiendo cada movimiento, pensando con cuidado cómo abordar la charla sin romper ese frágil equilibrio que la rodeaba. El crujido leve de la grava bajo sus botas se mezclaba con el murmullo distante del agua y el canto apagado de algunos pájaros; aun así, Stella no se percató de su presencia.

Estaba sentada en el banco, abrazando sus piernas, la mirada perdida en la superficie del lago. Solo cuando sintió una sombra caer sobre ella levantó la cabeza despacio. Miró hacia arriba, parpadeó un par de veces, como si necesitara asegurarse de que no estaba imaginándolo.

PROTEGIDA Parte TresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora