—Lamento lo de hace rato —se disculpó el soldado mientras caminaban hacia el auto—. No fue agradable que escucharas eso.
Stella negó con la cabeza, intentando restarle importancia, aunque su expresión la traicionaba un poco.
—Descuida —dijo, forzando una calma que no era del todo real—. No es algo que yo no piense también —bajó la mirada un segundo—. Además, ya me habías advertido que tarde o temprano saldrían ciertos temas.
—Aun así... —murmuró Bucky, claramente incómodo, apretando la mandíbula.
—Hey —lo detuvo de golpe, poniéndose frente a él y obligándolo a mirarla—. De verdad, todo está bien.
Se puso de puntitas y le dio un beso corto y tierno, más tranquilizador que apasionado. Bucky cerró los ojos un instante, como si necesitara ese gesto.
El motor arrancó y comenzaron a avanzar por las calles casi vacías. Bucky conducía despacio, con una mano firme en el volante, mientras el auto se deslizaba bajo las luces tenues de Brooklyn, que bañaban el interior con destellos intermitentes. El silencio era cómodo.
Stella, agotada y con el leve mareo del alcohol, no tardó en quedarse dormida. Su cabeza se ladeó hacia la ventanilla, respirando de forma pausada.
—Stell... —murmuró él al llegar, acariciándole con cuidado la mejilla con el dorso de los dedos.
Ella reaccionó despacio, parpadeando varias veces hasta enfocar la vista.
—Llegamos —dijo él en voz baja.
Stella se incorporó lentamente y miró la casa frente a ellos. Sus ojos se suavizaron, cargados de nostalgia, y una sonrisa pequeña apareció en sus labios.
—Si hace seis años papá me hubiera visto llegar a casa a esta hora... —comentó, casi para sí misma— en el auto de James Buchanan Barnes... —soltó una breve risa—. Wow. Habría enloquecido.
Se quedó mirando unos segundos más, como si esa imagen le doliera y la reconfortara al mismo tiempo.
—Sí, no lo dudo —contestó, apretando los labios con una leve tensión.
Por un momento, Bucky se lo cuestionó todo. Se había sentido atraído por Stella desde que la conoció en Wakanda, pero jamás había intentado nada. Eran dos personas rotas, cargando demasiado peso, y además... Stella era muy joven entonces.
Después del Blip, sin embargo, se había reencontrado con una Stella distinta: más madura, más consciente, más firme. Y eso no hizo más que intensificar lo que sentía.
Pero la duda apareció inevitable.
¿Y si Stark no hubiera muerto?
¿Se habría atrevido siquiera a mostrar lo que sentía?
Dejó de darle vueltas. Nada cambiaría ya pensando en lo que no fue. Solo quedaba avanzar.
Se inclinó y volvió a besarla, esta vez con suavidad, como si quisiera grabar ese instante.
—Ve a descansar —dijo con ternura.
Sin embargo, algo en su mirada la traicionaba: una sombra de tristeza, una emoción contenida que no lograba ocultar del todo.
—¿Sucede algo? —preguntó él, al notarlo, con un dejo de preocupación.
Ella negó casi de inmediato, pero antes de que él pudiera decir nada, sonrió con calma.
—Descansa —susurró.
Se dio media vuelta y caminó hacia la casa. Apenas cruzó el umbral, Bucky regresó al auto, encendió el motor y se alejó del lugar, perdiéndose entre las luces tenues de la madrugada.
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PROTEGIDA Parte Tres
FanfictionLa muerte es lo único inevitable y debe aceptarse como tal. La muerte es parte de la vida. Pero hay quienes no lo aceptan. Ganaron la batalla contra el gran Titán, pero perdieron a un héroe. Stella hará lo imposible por cambiar ese destino, viajand...
