La muerte es lo único inevitable y debe aceptarse como tal. La muerte es parte de la vida. Pero hay quienes no lo aceptan. Ganaron la batalla contra el gran Titán, pero perdieron a un héroe. Stella hará lo imposible por cambiar ese destino, viajand...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Su llanto temblaba en el aire denso, mezclándose con el olor metálico de la sangre y el polvo que todavía flotaba tras la batalla.
—¡No! ¡Noo! Papá, no hagas esto, despierta por favor —suplicaba Stella, destrozada. Sus manos temblaban mientras sacudía el cuerpo inerte de Tony, ignorando el ardor del corte que atravesaba su rostro y la sangre caliente que corría por su mejilla, deslizándose por su cuello y manchándole la ropa.
—Se ha ido —murmuró Pepper, con la voz rota, tomándola del hombro con suavidad, intentando darle un consuelo que ni ella misma tenía.
—¡No! ¡Aléjate! —gritó Stella, desgarrada—. ¡Papá! Por favor... —La voz se le rompió en un sollozo áspero. Pepper la miró sin poder moverse, con el corazón quebrado, sintiendo su dolor como propio.
—Ven conmigo, vamos —insistió Peter, con las manos temblorosas, abrazándola por la espalda y obligándola a apartarse del cuerpo. Stella se dejó arrastrar unos metros, con el pecho apretado, sintiendo cómo algo dentro de ella se rompía sin vuelta atrás.
El ambiente era desolador. Habían ganado, pero no lo sentían como una victoria. El cielo ennegrecido parecía hundirse sobre ellos. Nadie podía apartar la mirada del cuerpo de Tony. Nadie podía comprender del todo que estuviera... muerto.
Strange, tras detener la inundación, caminó hacia Stella. La observó con atención: su respiración agitada, la mirada perdida, su rostro partido por un corte profundo que seguía tiñéndose de rojo.
—Ven, te ayudaré con eso —dijo el mago en un murmullo grave. Con un movimiento lento y controlado de sus manos, detuvo el sangrado y cerró la herida. La piel se unió al instante. Stella permaneció quieta, rígida, como si su mente hubiera quedado suspendida. No podía creer lo que estaba ocurriendo. No quería creerlo.
Segundos después, su respiración se volvió más lenta... más pesada. Algo encajó dentro de ella. Algo se encendió.
—Tú... —murmuró con un hilo de voz, levantando apenas la cabeza, mientras todo dentro de ella se clarificaba —. Tú sabías.
Strange dio un paso atrás, dándole espacio para hablar.
—¡Tú sabías que esto pasaría! —rugió, con la garganta desgarrada. Las miradas alrededor se clavaron en ellos: Vengadores, Guardianes, incluso quienes estaban demasiado lejos para oírla sintieron la tensión.
—Uno en 14.000.605 futuros... eso fue lo que le dijiste a Tony. ¿Era este, verdad? —escupió, como si cada palabra le quemara la lengua.
—Así es —admitió Strange con gran culpa.
—Por eso insistías en que yo viniera —continuó Stella, recordando las palabras de Wong, respirando con dificultad—. Sabías lo que pasaría... que Thanos me atacaría, que Tony intentaría ayudarme, lo del guante... —La voz le temblaba, pero seguía hablando, procesando, encajando piezas—. ¡Lo supiste todo el tiempo! ¡Sabías que moriría! —gritó, empujándolo con furia. Luego golpeó sus brazaletes. Estos se activaron, envolviendo sus manos en energía mientras apuntaba al mago con ambas.