Era tarde en la noche cuando por fin regresó a casa. Peter la había acompañado hasta la puerta, asegurándose de que estuviera bien antes de marcharse. Stella entró con sumo cuidado, cerrando despacio para no hacer ruido; La casa estaba en silencio, apenas interrumpido por el ruido lejano de grillos y animales nocturnos. Pepper y Morgan dormían.
Cruzó el pasillo casi de puntillas y se encerró en el baño. El vapor aún flotaba en el aire cuando terminó de ducharse, y mientras tomaba la toalla, su mente repasó todo lo vivido ese día: el despertar y posterior agradable desayuno con Bucky, el almuerzo lleno de planes y risas con sus amigos, la tarde rara e incómoda en casa... y, finalmente, el caos y el miedo entre las ruinas del complejo.
—Qué día tan largo... —murmuró, agotada.
Se secó el rostro con cuidado, evitando la herida reciente de la frente. Luego alzó la vista y se quedó observándose en el espejo. Permaneció así varios segundos, inmóvil, sin ropa ni toalla, solo ella frente a su reflejo. Sus ojos recorrieron cada marca con detenimiento: la cicatriz en el rostro, la del abdomen, la del hombro aún sostenida por puntos de sutura, la herida nueva en la frente, los moretones que se superponían unos a otros como un mapa de golpes y caídas.
Por un instante, no se reconoció.
Frunció el ceño, inclinó levemente la cabeza, como si buscara a alguien más en ese reflejo. ¿Dónde había quedado aquella Stella alegre y despreocupada? La chica que, años atrás, había salido del internado sin avisar y apareció de sorpresa en la torre. La que amaba sin reservas, sentía sin miedo y se permitía explorar cada emoción sin pensar en lo que podía perder.
Sus hombros se tensaron.
—No queda nada... —se dijo a sí misma, con un hilo de molestia y cansancio en la voz.
Se cubrió rápido con la toalla, apartando la mirada del espejo, y salió del baño, dejando atrás el reflejo y el silencio cargado que la había enfrentado a sí misma.
Se vistió, se peinó y se acostó en silencio. Apagó la luz y quedó a oscuras, escuchando el leve zumbido de la casa dormida. Dio vueltas en la cama una y otra vez, las sábanas arrugándose bajo su cuerpo inquieto. Pensaba en Bucky, en cuán grande sería el odio que le tendría cuando supiera la verdad. El simple pensamiento le oprimía el pecho.
Pensaba en sus amigos, en lo afortunada que era de tenerlos y, al mismo tiempo, en lo injusto que se sentía no poder disfrutar de esa amistad como alguien normal. No podía permitirse avanzar, simplemente avanzar y seguir con su vida. Siempre había algo que la retenía, algo que la obligaba a mirar atrás.
Pensó en Loki.
¿Dónde estaría ahora? ¿Qué estaría haciendo?
—Espero que esté bien... —murmuró para sí misma, con la voz apenas audible en la habitación.
Su mente no se detenía. Pensaba en qué haría cuando lograra viajar en el tiempo. ¿Podría ver a su padre nuevamente? ¿Podría hablar con él? ¿Sería capaz estar cerca de él sin romperse?
Las ideas se atropellaban unas a otras. El sueño no llegaba. Con un suspiro cansado, se incorporó y bajó de la cama, caminando descalza hacia la cocina para beber un poco de agua. El suelo estaba frío bajo sus pies. Bebió despacio, apoyada en la encimera, respirando hondo antes de volver por el pasillo en penumbras.
Al pasar frente a la habitación de Morgan, se detuvo. Empujó la puerta apenas, lo suficiente para asomarse. La niña dormía profundamente, abrazada a su peluche. Stella se acercó con pasos suaves, se inclinó y besó su cabeza con cuidado.
—Perdóname por ser tan tonta —susurró, con un nudo en la garganta.
Cerró la puerta despacio y siguió caminando hacia su habitación, pero no pudo evitar detenerse frente a la de Pepper. La vio dormir, serena, el rostro relajado por el descanso. Se quedó allí unos segundos, inmóvil, con el pecho apretado. Quería decirle tantas cosas... pedir perdón, explicarse, abrazarla. Pero no podía.
ESTÁS LEYENDO
PROTEGIDA Parte Tres
FanfictionLa muerte es lo único inevitable y debe aceptarse como tal. La muerte es parte de la vida. Pero hay quienes no lo aceptan. Ganaron la batalla contra el gran Titán, pero perdieron a un héroe. Stella hará lo imposible por cambiar ese destino, viajand...
