—¿Por qué lo hiciste? —preguntó el chico a su amiga, después de que ella le contara la promesa errónea que le había hecho a Morgan.
—No lo sé... —se justificó Stella, pasándose una mano por el rostro—. Estaba tan triste... —añadió en voz baja—. No soporto verla llorar.
La imagen de Morgan, rota y suplicante, volvió a atravesarle el pecho. Haría cualquier cosa por evitarle ese dolor, incluso prometer lo imposible.
—Cuando sepa que le mentiste, llorará aún más —respondió Peter sin rodeos, diciendo la verdad tal como la veía.
—¿Estás aquí para ayudarme o para hacerme sentir peor? —protestó Stella, girándose hacia él con molestia, los ojos brillantes de frustración.
—Lo siento —se apresuró a decir, levantando las manos en señal de rendición—. Es que... realmente no sé cómo ayudarte, Stella.
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—¡Stella, Stella, despierta! —gritaba Morgan con energía, tirando con fuerza de las sábanas. Después de aquella conversación, se habían quedado dormidas más de un par de horas. Ya pasado el mediodía, la pequeña no dejaba de moverse, decidida a despertarla.
—¿Qué...? —murmuró Stella, abriendo los ojos despacio y llevándose una mano a la cara. Aunque anímicamente se sentía un poco mejor, el enrojecimiento y la hinchazón provocados por el llanto aún eran evidentes—. ¿Qué sucede?
—¡Mamá despertó! Está abajo esperándonos —explicó la niña de corrido, saltando sobre el colchón—. ¡Vamos! —agregó con una alegría desbordante, tirando ahora del brazo de su hermana.
—Espera, Morgan... —pidió Stella, incorporándose con torpeza mientras se colocaba los zapatos—. ¿Por qué tanta prisa? —preguntó, observándola sin entender de dónde había salido tanta energía.
—Quiero contarle —dijo la pequeña, balanceándose de un pie al otro, incapaz de quedarse quieta.
—¿Contarle qué cosa? —preguntó Stella, frunciendo ligeramente el ceño.
—Que papá volverá, que ya no tiene que estar triste —respondió Morgan con una sonrisa enorme, casi radiante.
El rostro de Stella se ensombreció al instante; su cuerpo se tensó y el aire pareció faltarle por un segundo.
—Ay, no... puede ser... —murmuró para sí misma, bajando la mirada. En ese momento fue plenamente consciente del error que había cometido. Había creído que, entre lágrimas y sueño, tal vez Morgan olvidaría aquella promesa... pero no.
Al contrario, era justamente eso lo que ahora iluminaba su rostro con tanta felicidad.
—¡Morgan, espera! —gritó de repente Stella, echando a correr tras la niña que ya bajaba las escaleras a toda prisa—. Ven aquí —añadió, alcanzándola y tomándola suavemente del brazo para detenerla.
—¿Qué pasa? —preguntó la pequeña, mirándola con el ceño levemente fruncido.
—No puedes contarle a mamá nada de eso, ¿entiendes? —dijo Stella con urgencia, inclinándose a su altura y sosteniéndole los hombros con cuidado.
—¿Por qué no? —cuestionó Morgan, ladeando la cabeza—. Se pondrá muy feliz —afirmó convencida.
Stella tragó saliva, buscando desesperadamente una razón—. Porque... porque... —balbuceó, sin encontrar las palabras correctas. Y, otra vez, sin pensar demasiado, terminó empeorando las cosas—. Porque arruinaría la sorpresa...
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PROTEGIDA Parte Tres
Fiksi PenggemarLa muerte es lo único inevitable y debe aceptarse como tal. La muerte es parte de la vida. Pero hay quienes no lo aceptan. Ganaron la batalla contra el gran Titán, pero perdieron a un héroe. Stella hará lo imposible por cambiar ese destino, viajand...
