Capítulo 30 - Herida que no cierra

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—¿Y esto cuánto tardará? —preguntó Sam, cruzándose de brazos mientras observaba cómo Steve se acomodaba en el centro de la plataforma, el Mjölnir firmemente sujeto en una mano y la maleta con las gemas en la otra.

—Para él, lo que necesite —respondió Bruce sin apartar la vista de los paneles, ajustando palancas y deslizadores —. Para nosotros, cinco segundos.

El zumbido de la máquina comenzó a intensificarse, llenando el claro con un sonido grave y vibrante.

—¿Listo, Cap? —preguntó Bruce, concentrado, los dedos suspendidos sobre los controles.

Steve asintió con firmeza, con el rostro sereno, decidido.

—Te estaremos esperando aquí, ¿ok? —añadió Sam, alzando la voz por encima del ruido creciente.

Bruce inhaló hondo.

—Reino cuántico en cinco... cuatro...

Fue entonces cuando Bucky frunció el ceño, girando bruscamente la cabeza hacia el borde del claro.


—¿Quién

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—¿Quién...? —murmuró, entrecerrando los ojos.

Entre los árboles, una figura corría con desesperación, sorteando raíces y maleza sin detenerse.

—No, no, no... —el corazón le dio un vuelco al reconocerla—. ¡Hey, espera! —gritó, avanzando un paso, extendiendo el brazo—. ¡Stella, no!

Demasiado tarde.

La chica irrumpió en la plataforma y saltó al centro justo en el segundo exacto en que Bruce accionó el control final.

Una explosión de luz blanca los envolvió a ambos, cegadora, acompañada por un estallido de energía que sacudió el aire.

Luego... nada. Un silencio espeso, cayó sobre el lugar. El zumbido cesó de golpe.

—¿Qué pasó? —preguntó Sam, desconcertado.

Bruce bajó lentamente las manos de los controles. Su rostro había palidecido. Bucky lo miró, confundido

—Tráelos de vuelta —ordenó el soldado con urgencia, avanzando hacia él —. Ahora.

Bruce reaccionó, presionando botones con rapidez, ajustando valores a toda prisa.

—Y vuelven en tres... —anunció, tragando saliva—. Dos... uno...

Activó la máquina nuevamente, y el aire volvió a vibrar, cargado de tensión.  La luz estalló.

Pero quien apareció en la plataforma fue solo Steve, aún con el Mjölnir y las gemas en sus manos.

—¿Dónde está? —preguntó Bucky rápidamente. Al ver solo al Cap, sus ojos se abrieron de horror.

Steve bajó de la plataforma con una expresión claramente preocupada

PROTEGIDA Parte TresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora