LOKI

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—buena suerte— dijeron ambos y se despidieron.

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Sin perder más tiempo, se dirigió a la nave, dispuesto a ir tras ella. El aire del planeta era denso y frío, y el suelo bajo sus botas resonaba con cada paso decidido.

—Asgardiano —llamó su atención la comandante Kree desde atrás, con voz firme.

Loki se detuvo a medio camino y giró lentamente la cabeza para mirarla. —La chica no quiere ser encontrada.

—¿Cómo puedes estar tan segura? —cuestionó el pelinegro, entrecerrando los ojos.

—Porque lo dijo —contestó con obviedad, manteniendo la postura rígida, las manos cruzadas detrás de la espalda.

Loki frunció el ceño, ladeando apenas la cabeza. —Sí... a veces dice alguna que otra mentira —replicó con calma, aunque la tensión en su voz era evidente.

—Asgardiano, estoy segura de que no quiere ser encontrada —aseveró una vez más—. Al destino al que se dirige... no se suele volver.

Los hombros de Loki se tensaron de inmediato, y su expresión se endureció. —¿A dónde va?

La comandante sostuvo su mirada un instante antes de responder. —Vormir.

—¿Por... por qué? —se cuestionó en voz alta, más para sí que para ella. Luego dirigió la mirada a la comandante—. ¿Cómo llegó allá? Dime cómo llegar.

La comandante sostuvo su mirada unos segundos antes de responder.

—No hay un camino lineal hacia Vormir. Es un dominio de muerte, atravesando una suerte de agujeros negros y distorsiones gravitacionales inestables —explicó con frialdad profesional—. Dejaré que un piloto te guíe hasta allí, como a la chica. Pero a partir del primer punto de salto... estarás solo.

Loki no apartó la vista. Su expresión ya no era de duda, sino de determinación absoluta.

—Estaré agradecido —respondió con solemnidad.

No había miedo en su postura, solo una decisión inquebrantable. Pero aunque nadie más lo notó, sus manos temblaban apenas.

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Surcó el espacio tan rápido como pudo. La nave avanzaba en silencio, guiada por un piloto que no hacía preguntas. Las estrellas se estiraban en líneas luminosas mientras atravesaban el espacio infinito.

Fueron horas. Horas angustiantes.

A cada momento, Loki repetía en su mente la carta que Stella le había dejado. Aquella que casi cayó de sus manos al leerla. Aquella que tuvo que guardar de inmediato, conteniendo sus emociones mientras tenía a Quill enfrente.

Aquella que decía...

Loki

He tomado una decisión de la que no hay regreso.
Tal vez funcione, tal vez no. No puedo saberlo si no lo intento, y el precio por ello es alto.

Intenté alejarte tantas veces. Creí que hacía lo correcto. Incluso a veces lo dudo. Pero, incluso ahora, mientras escribo esto, puedo notarlo, aunque intentará salir con otras personas, aunque intentara apartarme y olvidar, siempre estas en mi mente... siempre has sido tú.

Sé que lo prometiste, pero ya puedes dejar de buscarme. Te libero de esa carga, por favor. Sigue siendo la persona en la que te has convertido. No del todo bueno... pero ya sabes. Tan Loki.

PROTEGIDA Parte TresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora