Capítulo 5 - Diplomacia

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—Oye, no sé si pueda... —dijo la chica, nerviosa, a un paso de bajar por las escaleras, con los dedos inquietos apretando el borde de la baranda.

—Vamos, todo estará bien —insistió Quill, tomándola de la mano con suavidad. Una mirada suya, cálida y llena de firmeza, acompañada de una sonrisa tranquila, bastaron para transmitirle la confianza que necesitaba. Entonces ambos comenzaron a bajar, paso a paso, mientras el murmullo de voces en la planta baja se mezclaba con el crujido tenue de los escalones.

—Hey, miren quién llegó —exclamó él con energía mientras descendían.

Stella intentó alzar la vista hacia todos los que estaban reunidos allí, pero la cantidad de personas la abrumó al instante. Sus nervios, aún latentes tras todo lo ocurrido, se apretaron en su pecho. El peso de los recuerdos del día anterior, sumado al rubor de la inseguridad que le provocaba la cicatriz en su rostro, la hicieron reaccionar casi por instinto: lanzó su cabello hacia adelante, dejando que los mechones cayeran como un velo sobre el lado izquierdo de su cara.

Al llegar al último escalón, un silencio breve y expectante se apoderó del lugar. Varias miradas se posaron en ella, detenidas, atentas. Stella sintió un impulso desesperado de desaparecer, de retroceder y escapar, pero sus pies no se movieron. Solo permaneció allí, inmóvil, sin saber qué decir, cómo empezar, cómo encajar en ese momento que la sobrepasaba.

Ante la tensión que comenzaba a crecer en el ambiente, Peter fue el primero en reaccionar. Avanzó hacia ella con pasos firmes, como si cada ruido de fondo se difuminara hasta desaparecer. Se detuvo frente a Stella, y por un instante, para ambos el resto del mundo dejó de existir. La miró directamente a los ojos, sin pronunciar palabra... y de pronto, sin previo aviso, la rodeó con un abrazo fuerte, cálido, lleno de alivio.

Stella intentó contener la emoción que le golpeó el pecho, pero fue inútil; el nudo en su garganta se rompió y estalló en un llanto silencioso que la dejó sin aire. Peter la sostuvo aún más fuerte, como si quisiera asegurarse de que esta vez no se perderían el uno al otro, y ella correspondió con igual necesidad.

—Te extrañé tanto... —susurró ella con la voz temblorosa, intentando secarse las lágrimas con el dorso de la mano, cinco años sin la persona que fue su mayor apoyo cuando regreso de Wakanda y se sentía completamente sola, cinco años sin ese cómplice que la siguió en todas sus locuras y decisiones, cinco años sin su mejor amigo.

Peter se separó apenas lo suficiente para verla bien. Con suavidad, levantó su mano y apartó el cabello tras su oreja, dejando al descubierto su cicatriz. No había repulsión ni sorpresa en su mirada; solo orgullo y una profunda ternura. Esa marca era el recordatorio de que ella había enfrentado sin temor al ser más poderoso del universo. No era algo que ocultar: era algo que honrar.

Stella no pudo evitar sonreír con timidez ante el gesto. Peter respondió con la misma sonrisa luminosa, sinceramente feliz por tenerla de vuelta.

Y así, uno a uno, los más cercanos a ella se acercaron. Pasaron al frente para abrazarla, para ofrecerle palabras de apoyo, para darle sus condolencias y recordarle que no estaba sola. Estaban allí para lo que necesitara. Para lo que necesitaran las tres chicas Stark.

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    Los días pasaban rápido y, poco a poco, todo iba retomando cierta calma, como si el mundo intentara recomponerse pieza por pieza después de haber sido quebrado.

Bucky y Sam compartían apartamento en Brooklyn junto con Steve; las cajas aún apiladas en las esquinas daban la sensación de un lugar recién habitado, pero el ambiente se sentía cálido, lleno de risas nuevas y rutinas improvisadas. May y Peter también tuvieron que conseguir un nuevo apartamento, ya que el que antes era suyo ahora estaba ocupado por otras personas. Los Guardianes, que originalmente se quedarían con Thor, terminaron aterrizando el Milano a un par de kilómetros de la casa Stark, en un descampado rodeado de pasto alto y viento helado. Quill no quería estar lejos de su hermana ahora que al fin la conocía realmente, así que Noruega jamás fue una opción. Con el cuartel destruido, Rhodey y Bruce también debieron buscar nuevos sitios donde vivir. Clint regresó con su familia, igual que Scott, mientras que Carol se marchó a recorrer distintos planetas, ofreciendo ayuda donde fuera necesario. Lentamente, todos intentaban volver a su relativa normalidad.

PROTEGIDA Parte TresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora