El silencio se había apoderado del interior del vehículo, denso, casi sofocante.
Bucky conducía con la vista fija en el camino, las manos firmes sobre el volante, la mandíbula tensa. No decía nada, pero cada uno de sus gestos delataba el torbellino de pensamientos que intentaba mantener bajo control.
Steve, en el asiento del acompañante, se pasó la mano por la nuca una y otra vez. El fracaso de la misión le pesaba. Calculaba mentalmente cuánto tiempo llevaría repararla, cuánto se retrasarían sus planes... planes que ya tenía claros antes de la irrupción de Stella, antes de que todo se decontrolara.
En el asiento trasero, Peter no dejaba de mirar de reojo a su amiga. La preocupación le fruncía el ceño. Pensaba en Stella, en cómo se sentiría después de todo aquello... y, casi de inmediato, en lo furiosa que se pondría la tía May si llegaba a enterarse de lo que habían hecho. Tragó saliva, nervioso.
Y Stella... Stella contemplaba el paisaje pasar tras la ventana, sin verlo realmente. Intentaba ignorar el dolor que le oprimía el pecho, intentaba no pensar. Pero era imposible.
El perfume del hombre sentado al volante —ese olor inconfundible que tantas cosas le removía— le llegaba de forma cruel, arrancándole recuerdos que no estaba preparada para enfrentar. La forma en que Bucky la había mirado antes, con esa decepción silenciosa, le dolía... aunque no tanto como el hecho de haber estado tan cerca.
Tan cerca de ver a su padre una vez más.
Cerró los dedos con fuerza sobre su regazo y respiró hondo, como si así pudiera contener todo lo que amenazaba con romperla por dentro. El camino seguía adelante, implacable, mientras cada uno viajaba atrapado en sus propios pensamientos.
—Bucky, detente aquí —ordenó el Capitán con voz firme.
El vehículo se detuvo a un costado de la calle. Steve bajó primero, cerrando la puerta con un golpe seco que rompió el silencio acumulado durante el trayecto.
—Stella, ven —ordenó sin rodeos.
Ella giró el rostro hacia Peter, confundida. Él le devolvió la mirada, igual de desconcertado, encogiéndose apenas de hombros.
—Voy contigo —dijo Parker sin dudar, ya desabrochándose el cinturón.
—No. Tú quédate ahí —ordenó Steve desde fuera, sin siquiera mirarlo.
Stella obedeció en silencio. Rodeó el auto con pasos inseguros hasta quedar frente a él. El aire nocturno era fresco, pero no lograba aliviar la tensión que se le había instalado en el pecho.
—¿Qué pasa, Cap? —preguntó, intentando sonar tranquila.
—Camina —ordenó, dándose la vuelta y comenzando a avanzar.
Ella lo siguió sin entender, apurando el paso para mantenerse a su lado.
—Es una clínica privada —añadió Steve mientras caminaban—. De un amigo.
Stella frunció el ceño, todavía confundida. Entonces él se detuvo de golpe. Con un gesto serio, levantó apenas la chaqueta de la chica a la altura del hombro. La tela de la blusa estaba oscurecida, empapada de sangre seca y fresca a la vez.
—Tuviste una caída muy fuerte —dijo con tono grave—. Y esa herida se volvió a abrir.
Stella bajó la mirada instintivamente.
—Steve, no es necesario —murmuró—. Estoy bien... no quiero causar más problemas.
—Camina, Stella —repitió él, esta vez con una autoridad que no admitía réplica.
No dijo nada más.
Durante todo el tiempo que Stella estuvo siendo atendida en la clínica, Steve permaneció sentado en la sala de espera, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas. Miraba el suelo sin verlo, tenso, cargando con el peso de decisiones difíciles que debía tommar.
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PROTEGIDA Parte Tres
FanfictionLa muerte es lo único inevitable y debe aceptarse como tal. La muerte es parte de la vida. Pero hay quienes no lo aceptan. Ganaron la batalla contra el gran Titán, pero perdieron a un héroe. Stella hará lo imposible por cambiar ese destino, viajand...
