Capítulo 39 - Misión cumplida

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Steve quedó solo, en medio de la calle.

En 1947.

Con una segunda oportunidad...
y una despedida que no había elegido.

Durante unos segundos no se movió. El sonido lejano de la ciudad —coches antiguos, voces, pasos— parecía no alcanzarlo del todo. Stella ya no estaba. Y con ella se había ido la última opción de decir algo más. No hubo tiempo para arrepentimientos. No hubo marcha atrás.


.


.


Stella no estaba en 1947.
Había regresado a 2014.

  Vormir se alzó ante ella en el mismo instante en que el viaje terminó. El aire era pesado, denso, cargado de una quietud inquietante. El cielo rojizo parecía inmóvil, como si el planeta entero estuviera suspendido en una espera eterna.

—Terminemos con esto... —se dijo en voz baja.

Alzó la vista. La inmensidad del paisaje la envolvía por completo, áspera y solemne. Vormir no era solo un lugar, parecía era una prueba, trago saliva, nerviosa y comenzó a caminar.

No esperaba que el camino fuera tan largo, ni tan agotador. Cada paso parecía exigirle algo más que fuerza física. El viento le cortaba la piel, las rocas cedían bajo sus pies, y el cansancio se acumulaba sin piedad. Aun así, no se detuvo.

Finalmente, alcanzó la cima.

Se detuvo un momento para recuperar el aliento. Apretó la gema con fuerza entre los dedos. El corazón le latía desbocado, como si intentara escapar de su pecho. No sabía qué encontraría allí arriba, tal vez Steve tenía razón, tal vez el cuerpo de Natasha seguía allí. Tal vez no.

Intentó prepararse mentalmente para cualquiera de las dos posibilidades, aun sabiendo que no existía preparación suficiente y avanzó.

Por un instante, todo se detuvo. El viento dejó de soplar. Las piedras dejaron de crujir bajo sus botas. Incluso el aire pareció inmóvil.

Era como si el tiempo mismo hubiera decidido observar. Entonces, un sonido espectral resonó a su espalda.

—Bienvenida... Stella... —susurró una voz desde las sombras.

La figura apareció lentamente, levitando sobre la roca oscura. La silueta espectral del guardián de la gema emergió como si siempre hubiera estado allí, esperando.

—Hija de Meredith... y de Ego.

Ella se quedó inmóvil.

El aire se volvió pesado en sus pulmones. Sus dedos se tensaron dentro del bolsillo donde guardaba la gema. Intentó hablar, pero el asombro la paralizó por un instante.

—¿Cómo...? —tragó saliva mientras la figura se acercaba—. ¿Cómo sabes mi nombre?

El espectro descendió apenas unos centímetros, observándola con una calma imposible.

—Mi maldición es conocer a todo aquel que llega en busca de la Gema del Alma.

Stella negó suavemente con la cabeza.

—No estoy... precisamente buscándola —dijo, apretando la gema dentro del bolsillo.

—Lo sé —respondió el guardián con un leve asentimiento—. Has venido a devolverla, para que la historia continúe su curso.

Stella dudó un segundo.

—Ammm... algo así... —respondió, sin mucha convicción.

Sacó la gema del bolsillo. El brillo  iluminó su rostro cuando dio un paso al frente.

PROTEGIDA Parte TresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora