Lo que había hecho no le resultaba nada fácil; sentía como si tomaran su corazón y lo aplastaran una y otra vez. Cada palabra que había dicho aún resonaba en su cabeza, pesada, irreversible. Pero sabía que era lo mejor: para ella y para ambos hombres.
Adoraba a Bucky y creía, con firmeza, que algo entre ellos hubiera podido ser bueno, sano incluso. Pero Loki... Loki era distinto. Tenerlo lejos debería haber sido sencillo de intentar olvidar, dejarlo atrás como un capítulo cerrado. Sin embargo, nunca lo era. Siempre se encontraba cerca, siempre aparecía en el momento menos oportuno, removiendo todo lo que ella creía enterrado, todo lo que jamás terminó de sanar.
No se sentía bien. Entró a la casa secándose las lágrimas con el dorso de la mano, respirando hondo, buscando algo de consuelo, un poco de silencio. Pero en lugar de eso encontró a una Pepper visiblemente molesta, de brazos cruzados, lista para reprocharle lo sucedido.
—¿Terminaste el show con esos dos? —preguntó la mujer, enojada, apenas la vio entrar.
—No fue un show... fue una pelea... una horrible y espantosa pelea —contestó Stella, secándose el rostro con la manga de su camiseta, con la voz cansada.
—Que se pudo haber evitado —reprochó Pepper sin suavizar el tono.
Stella se detuvo en seco y la miró, incrédula.
—¿Cómo pretendías que hiciera eso?
—Sabes cómo es Loki —respondió Pepper, como si fuese lo más obvio del mundo—. Después de lo de ayer, ¿no imaginaste que podría aparecer aquí?
Stella apretó los labios, incómoda.
—¿No imaginaste lo imprudente que fue traer a Bucky? —añadió, sin darle respiro.
—¿Cómo sabes lo que pasó ayer? —preguntó Stella, desconcertada.
—Happy pasó por allí y vio cómo casi se agarran a golpes —explicó la mujer—. Me llamó enseguida. Le dije que no se metiera, que tú lo resolverías como una persona adulta —hizo una breve pausa antes de rematar—. Y aun con lo de ayer, lo trajiste aquí.
Stella soltó una risa amarga, sin humor.
—Bueno... disculpa —contestó de mala manera ante los reproches—. Disculpa que no predije que Loki apareciera aquí y que generaría una pelea entre ellos. Disculpa, no soy Strange, no veo el futuro —agregó con sarcasmo.
Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras, con los pasos pesados, decidida a encerrarse, a descansar, a olvidar lo que había pasado aunque fuera por unas horas.
Pero Pepper aún no había terminado.
—No, esta vez no hay disculpas, Stella —dijo firmemente, cruzándose de brazos.
Desde que la conocía, desde que era apenas una niña, Pepper siempre la había consentido, siempre la había protegido, incluso de lo sobreprotector y rígido que podía llegar a ser Tony. Pero esta vez no. Esta vez no sería la Pepper comprensiva ni permisiva. Esta vez había que poner límites.
—¿Qué? —preguntó Stella, confundida, volviendo a bajar un par de escalones, convencida de que quizá había escuchado mal. No recordaba una sola vez en la que Pepper se hubiese molestado realmente con ella... pero ahora, ahora era distinto.
—Esta vez no te disculpo, Stella —repitió la mujer, manteniendo la postura firme, el mentón en alto—. Sabes, yo tampoco veo el futuro, pero este conflicto era algo obvio.
—Pues no lo vi —respondió Stella con sarcasmo, encogiéndose de hombros—. No vi lo que según tú era "obvio".
La paciencia de Pepper se quebró ahí. Su expresión cambió por completo y su voz se endureció. Ya no hablaba como una figura protectora, sino como alguien cansado, como alguien que debía decir lo que llevaba guardando demasiado tiempo.
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PROTEGIDA Parte Tres
FanfictionLa muerte es lo único inevitable y debe aceptarse como tal. La muerte es parte de la vida. Pero hay quienes no lo aceptan. Ganaron la batalla contra el gran Titán, pero perdieron a un héroe. Stella hará lo imposible por cambiar ese destino, viajand...
