Capítulo 29 - Punto de No retorno

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48 horas antes...

—Ven, siéntate por aquí mientras esperas —dijo Bruce con una sonrisa amable, indicándole un banco junto a una de las mesas de trabajo repletas de monitores y piezas desmontadas—. Scott debe de estar rondando por algún lado.

Cassie asintió y caminó obediente, observando el laboratorio con una mezcla de fascinación y nervios. Las luces blancas zumbaban suavemente, pantallas holográficas flotaban con datos incomprensibles y el olor a metal impregnaba el aire.

—Gracias, profesor Hulk —dijo con una sonrisa ensayada—. En mi escuela dicen que es muy buena onda... veo que es cierto.

Banner rió por lo bajo, algo avergonzado.

—Iré a ver si Scott anda por aquí —respondió, dándose media vuelta y alejándose por el pasillo lateral.

Apenas Bruce desapareció de su campo de visión, la expresión de Cassie cambió. Miró alrededor, comprobó que nadie la observara y, con un movimiento rápido, se colocó la capucha de la sudadera. El corazón comenzó a latirle con fuerza.

Se movió con rapidez, pero en silencio. Abrió cajones, revisó compartimientos, escaneó etiquetas técnicas que apenas comprendía. Gabinete tras gabinete, habitación tras habitación. Sabía que estaba mal. Sabía que, si la descubrían, se metería en problemas enormes. Pero también sabía que tenía que hacerlo. Tenía que ayudar a Stella, sacarla del complejo en ruinas, darle una oportunidad.

Finalmente, se detuvo frente a una zona delimitada por carteles de advertencia. Acceso restringido. La puerta estaba entreabierta.

Cassie tragó saliva... y entró.

Dentro, el ambiente era distinto: más oscuro, más silencioso. Sus ojos se iluminaron al reconocer lo que buscaba. Sin perder tiempo, lo tomó, lo apretó contra su pecho un segundo y luego intentó esconderlo torpemente en el bolsillo de la chaqueta. Se giró para salir, acelerando el paso.

Al llegar a la puerta... se detuvo en seco.

—Hey, ahí estás —dijo Bruce con naturalidad, acercandose, como si nada—. Scott no está aquí, lo siento.

Cassie sintió que el estómago se le caía al suelo. Forzó una sonrisa, demasiado tensa.

—N-no se preocupe, profesor Hulk —respondió, acomodándose la ropa —. Lo buscaré en otra parte.

—De acuerdo —asintió Banner, observándola con curiosidad—. ¿Quieres que le deje un mensaje?

—No, no... ammm... —dio un paso atrás—. Adiós.

Sin esperar respuesta, se giró y caminó rápido hacia la salida, conteniendo el impulso de echar a correr, con el corazón golpeándole el pecho y la certeza de que acababa de cruzar un punto sin retorno.

Fuera de las instalaciones, se detuvo junto a un banco metálico del predio. Se sentó apenas, con la respiración todavía agitada, y sacó el teléfono con manos que le temblaban más por la adrenalina que por el frío. Marcó rápido. Una llamada corta, pero cargada de emoción contenida.

—Lo tengo —susurró apenas la comunicación se abrió.

Stella y Peter ya habían conseguido el traje de nanopartículas. Ahora, con el GPS espacio-temporal en sus manos, tenían todo. Lo más importante: se irían del complejo en ruinas. Ya se habían hecho demasiado daño allí; quedarse solo podía empeorar las cosas.

—Salgan de ahí —añadió, bajando la voz.

Cortó la llamada, exhaló largo y se apoyó un segundo contra el respaldo del banco, cerrando los ojos. 

PROTEGIDA Parte TresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora