Capítulo 11 - Hablemos de sentimientos

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—Bucky... —susurró al mismo tiempo que intentaba reprimir ese deseo carnal que solo aumentaba, aferrándose a un último hilo de autocontrol. Pero no se detuvieron. Sus cuerpos se pegaron aún más, sintiendo el calor del otro, saboreando sus labios con una urgencia contenida. El aire en el pequeño armario se volvió espeso, casi irrespirable.
Las manos de él descendieron lentamente hasta su cintura, rozando la tela de su blusa y haciéndola estremecer. Las pequeñas manos de Stella bajaron por el pecho de él, deslizando sus dedos con cautela, sintiendo el latido acelerado bajo la camisa... pero todo el fuego que podía haber se extinguió de golpe con una interrupción diminuta y aguda.

—¡Los encontré! —exclamó la niña, abriendo la puerta sorpresivamente. La luz del pasillo inundó el armario y los dos se separaron deprisa. Morgan, con los ojos muy abiertos, se llevó ambas manos a la boca con un enorme gesto de sorpresa y, sin decir una palabra más, salió corriendo en dirección contraria.

—¡Morgan, espera! —gritó Stella, apartándose rápido de Bucky y saliendo casi de un salto del armario. Sus mejillas ardían; mientras corría, se acomodó la blusa con manos temblorosas.
Bucky quedó allí, inmóvil, aturdido, con la respiración agitada y sin saber siquiera cómo reaccionar.

—¡Morgan, espera! —insistió Stella una vez más mientras la perseguía por el pasillo y luego fuera de la casa.
La pequeña finalmente se detuvo en el jardín. Stella se agachó despacio junto a ella, intentando recuperar el aliento. Morgan la miró con sus grandes ojos color café, brillantes y traviesos, conteniendo risitas que se escapaban entre sus labios.
La chica le acomodó los cabellos despeinados detrás de la oreja con suavidad, tratando de recomponer no solo a la niña... sino también a sí misma.

 sino también a sí misma

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—Nos asustaste a ambos —fue lo primero que dijo Stella, llevando una mano al pecho mientras Morgan no hacía más que reír, casi saltando en su lugar por la emoción.

—¿Qué fue lo que viste, pequeña? —preguntó con suavidad, inclinándose un poco para quedar a su altura.

Morgan soltó otra risita antes de contestar.
—A ti y a ese señor besándose —dijo con una picardía infantil que la desarmó por completo.
Stella tragó grueso. Debía elegir muy bien sus siguientes palabras.

—Sí, es... pero... ¿podríamos guardar el secreto? —preguntó despacio, casi en un susurro, esperando una respuesta afirmativa.
Morgan la miró confundida, ladeando la cabeza.

—¿Por qué? —preguntó sin comprender, frunciendo ligeramente el ceño.

Stella abrió la boca, buscando ideas en el aire.
—Porque... porque... —balbuceó sin saber qué decir.
Pero entonces la niña la interrumpió con otra pregunta que le perforó directamente el pecho.

—¿Ustedes se quieren? —preguntó con esa carita pura e inocente que solo un niño podía tener.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Stella. Se quedó allí, quieta, sosteniéndole la mirada.

PROTEGIDA Parte TresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora