En la entrada de la casa, Stella cargaba a Morgan en sus brazos mientras despedían a su madre. El aire fresco de la mañana movía suavemente el cabello de ambas.
—Se cuidan mucho, ¿sí?—pidió Pepper, inclinándose para darles un beso a cada una, justo antes de marcharse a Washington D.C. con los demás. Ambas asintieron con una sonrisa amplia.
—¡Adiós, mami!—gritó la pequeña mientras Pepper llegaba a su auto, agitando los bracitos con energía.
—¡Adiós, niñas!—saludó por última vez al subir al vehículo, aunque volvió a bajar de inmediato al recordar una última instrucción—Y recuerden: a la cama antes de las 10 p.m., y no coman golosinas en la noche o les dará insomnio—advirtió con tono maternal, enviándoles un beso al aire antes de regresar al auto.
—¡Como usted mande, jefa!—gritó Stella entre risas. Ambas se quedaron allí, inmóviles por un instante, riendo y saludando exageradamente mientras el auto empezaba a alejarse por el camino.
—Sonríe un segundo más...—pidió la Stark mayor con voz divertida. Morgan obedeció al instante, estirando sus mejillas con una sonrisa enorme. Las dos mantuvieron la pose hasta que el auto desapareció por completo.
—Y... ¡se fue!—confirmó Stella soltando una risa cómplice. Las chicas se miraron entre ellas con emoción—Muy bien, dime, ¿qué quieres hacer?—preguntó, apoyando a Morgan sobre la cadera, completamente dispuesta a cumplir cualquier capricho. Le encantaba la idea de esa libertad temporal, sin voces adultas repitiendo "no hagas eso", "no comas aquello". Era casi como volver a ser niña.
—¿Podemos preparar un pastel enorme?—preguntó Morgan, con los ojos brillando de emoción. Stella la miró con profunda ternura; la pequeña podría pedirle lo que fuera... y aun así le pedía un pastel.
—¡Claro que sí!—respondió al instante, sonriendo—Haremos un pastel gigante, como más te guste. Ve por tu chaqueta y nos iremos a comprar lo que necesitamos.
—¡Siiiii!—celebró Morgan, saliendo disparada hacia su habitación, sus pasitos resonando por el pasillo.
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Ambas salieron rumbo al supermercado más cercano. Tras unos minutos conduciendo, estacionaron y la niña no tardó ni un segundo en bajar del auto, corriendo hacia la línea de carritos de compra. Con muchísima determinación, intentó tirar de uno... casi perdiendo el equilibrio en el proceso.
Stella soltó una risa suave mientras la alcanzaba. Adoraba verla así: feliz, despreocupada, entusiasmada por algo tan simple como empujar un carrito sin chocar contra los anaqueles. Era una escena cálida, un pequeño respiro en medio de todo lo vivido.
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—¿Trajiste la lista? —le preguntó a la pequeña. Morgan había dedicado toda la mañana a anotar lo que comprarían, para, según ella, no olvidarse de nada.
—Aquí está —mostró orgullosa un pequeño papel rosa, arrugado en las orillas, con algunas palabras torcidas y varios dibujos. Stella lo tomó y lo sostuvo entre los dedos, frunciendo el ceño mientras intentaba descifrar lo que decía. Morgan estaba aprendiendo a leer y escribir; algunas palabras resultaban claras y otras parecían garabatos apurados.
—Bueno... tú ve por el azúcar y yo iré por la harina. Nos encontramos en el pasillo de las bebidas, ¿lista? —preguntó, flexionando las piernas como si fuera a largarse a correr. Morgan asintió con energía y ambas se prepararon.
—¡Ya! —dio la orden. La niña salió disparada, sus zapatillas repiqueteando contra el piso del supermercado. Stella fingió arrancar tras ella, pero enseguida bajó el ritmo y continuó caminando entre los estantes iluminados por la luz blanca del techo.
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PROTEGIDA Parte Tres
Fiksi PenggemarLa muerte es lo único inevitable y debe aceptarse como tal. La muerte es parte de la vida. Pero hay quienes no lo aceptan. Ganaron la batalla contra el gran Titán, pero perdieron a un héroe. Stella hará lo imposible por cambiar ese destino, viajand...
