Pasado
Jesse observó el paisaje a su alrededor, desierto y arena salpicado de pequeños pastizales y cactus que se borraban como una mala pintura por la velocidad. El SUV que había conseguido robar era más lento de lo que a Jesse le hubiera gustado, pero se deslizaba con firmeza por el terreno accidentado. Jesse llevaba un tiempo que había notado que no lo seguían, pese a ello no se había atrevido a bajar la velocidad desde que había conseguido salir de la propiedad de Eric. Habían sido millas de un solo camino antes de que pudiera desviarse. No tenía idea de hacia adonde iba pero tampoco se atrevía a conectarse a la red.
Demasiado fácil de rastrear. Eric había prometido encontrarlo donde fuera que fuera y Jesse temía que lo estuviera rastreando en ese momento. Limpiando el sudor de su frente con el puño de su camisa continuó andando a ciegas, tenía sed y hacía calor, pero encender la refrigeración hubiera significado más gasolina y no tenía la menor idea de cuánto más debía recorrer antes de llegar a algún sitio habitado.
No, Jesse no había llegado hasta allí para arruinarlo todo por un poco de sudor. cielos, él era un policía, había sido entrenado para soportar ciertamente algo de hostilidad ambiental. Eric podía haberlo dejado escapar por temor a lo que sus cómplices pudieran hacerle (sí es que ese había sido el motivo-Jesse ya no sabía si se trataba solo del gato soltando a su víctima para divertirse cazando- Podía imaginarse a Eric siendo un gran y aburrido Gato de ojos verde miel con su cola balanceándose de un lado a otro mientras observaba a la pequeña ratita huir.-Sí, Jesse no quería pensar en ello) como fuera no estaba dispuesto a volver a caer en sus manos.
***
Cuanto tiempo condujo? Jesse no lo supo, pero cuando por fin llegó a ver el cartel de Clines Corners sus ojos se aguaron. Apenas si era poco más de una estación de servicio, un parque de casas rodante poco más allá, pero tras horas en el desierto sin idea de hacia adonde se dirigía, aquel pequeño espacio habitado lucía mucho como el maldito paraíso. Vamos, para cuando J esse dio con aquella parada en medio de los dos caminos, habían pasado horas, el sol se había metido y su estómago rugía. Jesse condujo a la estación vacía sintiendo un vacío en su estómago, estaba ligeramente asustado. Apretó sus dedos alrededor del volante y suspiró dándose valor para bajar, no sin antes esconder el arma que había robado en su cintura. Por si acaso.
Mientras llenaba el tanque observó los coches a su alrededor observando las patentes. Nuevo Mexico, Jesse sintió una mezcla de alivio y desesperación al darse cuenta donde estaba. Había sido tan obvio, las playas, el paisaje desértico durante las últimas horas, al menos aún estaba dentro del país, no tan lejos de casa.
si lo pensaba no era tan raro, había oído que muchos hombres ricos tenían ranchos entre las llanuras desérticas y considerando que Eric, era lo quién realmente "era"-un narco, se dijo. Si no se acostumbraba a llamarlo pronto por su nombre, nunca se haría a la idea de que se había casado con un... un asesino, un narcotraficante, un mal hombre. Jesse no sabía si reírse o llorar, un narco y un policía de narcotráfico. Eric debió de reírse todo ese tiempo en su cara, un asesino y el hijo del hombre al que había asesinado. Oh, jesse estaba furioso, dolido y desesperado. El aire caliente y arenoso en su cara no ayudaba a que la realidad se sintiera menos dura, comenzaba a comprender toda la situación. Eric McGraw, era la peor y más traicionera persona que Jesse hubiera conocido.
Jesse volvió sus ojos al tanque fijándose en el valor que marcaban los números en el contador. Jesse dejó el expendedor de nuevo en su sitio y entró a la gasolinera. un solo dependiente con una gorra de chiles sobre sus ojos dormitaba detrás del mostrador.
Jesse carraspeó y el hombre por fin alzó la vista, tenía un mostacho y se veía joven, como poco más de un crío latino con una chivita mal recortada en su barbilla. Tomó una bolsa de patatas y una lata de refresco y las dejó sobre el mostrador.
—57, 75.—Dijo el muchacho viendo aburridamente el contador en su computadora. probablemente no era ni el primer ni el ultimo forastero que veía detenerse de paso en ese camino.
Jesse dejó el dinero sobre el mostrador con un escueto -Gracias.-antes de tomar su bolsa
a punto estaba por salir de nuevo de la tienda cuando se giró de nuevo al chico que ya tenía sus ojos clavados en su telefono. Jesse volvió a carraspear.
—¿Faltó algo?
—¿Donde puedo pasar la noche?
—sigue un poco más adelante.—indicó con un gesto vago hacia la puerta. -Esto es Clines Corners, aquí todo se limita a un par de cuadras.-Añadió con un dejo de amarga resignación.
Jesse abrió la boca para decir algo pero no supo qué, tras un ultimo gracias y un adios siguipo el camino que le indicó el muchacho. Era cierto Clines Corners apenas si podía considerarse poco más que un asentamiento de paso, sin embargo Jesse nunca en su vida se sintió más agradecido por ese puñado de personas viviendo en medio de la nada. El alojamiento del que le había hablado el muchacho de la tienda, no era más que un motel envejecido regenteado por una matrona que pareció ofendida por la hora en la que se le ocurrió presentarse, al menos hasta que lo vio perdido y solo como un gatito abandonado. Entonces lo metió al caserón, le sirvió café con tortillas y hasta le prestó un mapa y un teléfono luego de que le dijera que había perdido el suyo y que por eso estaba perdido.
La mujer amablemente se aseguró de que comiera y luego le dio unos minutos a solas con el viejo teléfono verde de linea. Jesse apretó el tuvo a su pecho pensando a quien llamar por un momento. Jesus, Jesse había pensado en llamar a tantas personas, quería volver a casa, volver con su madre y con Max, llamar a la policía y denunciar todo lo que sabía. Dios, Pero si Eric y los suyos lo atrapaban antes de que consiguiera volver a casa, tal vez esa podía ser su ultima oportunidad de decirle a su madre cuanto la amaba.
Jesse volvió sus ojos a la puerta por la que la amable señora había desaparecido tras decirle que le prepararía un cuarto.
Por un momento Jesse sintió la tentación de marcar a casa pero entonces las palabras de su padre llegaron a su oido como arrastradas por el viento en un su surro.
"Eres un hombre de bien, Jesse. Estoy orgulloso de ti, siempre estaré orgulloso de ti, cuida de mamá y de maxi" Esas habían sido sus ultimas palabras antes de que se lo llevaran.
Jesse sorbió por la nariz y tuvo que limpiar sus ojos al darse cuenta de que había comenzado a derramar un par de lagrimas. Maldita sea. no era el momento. Él era un hombre de bien. Él tenía que ser fuerte. Jesse pasó el puño de su manga por sus ojos para despejarlos del llanto y entonces marcó. Él era un hombre de bien, se había prometido a si mismo que siempre lo sería, sin importar cuanto quisiera en ese momento escuchar la voz de us madre, el deber era el deber, había sacrificios que hacer por el bien común. La linea sonó un par de veces, había una pequeña interferencia, pero cuando por fin el tubo fue levantado al otro lado, Jesse se sintió más aliviado de lo que hubiera esperado.
—¿Hola?—Dijo una voz adormilada al otro lado. Jesse tragó, esperando que su voz no sonara tan quebrada como se sentía él mismo en ese momento. -¿Aló?
—Hola.—Su voz sonó más áspera y baja de lo que hubiera querido.
—¿Quién habla?
—Soy yo. Es Jesse.
bada tus... ¿Qué les ha parecido? los amodoro
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El legado de Cain (Parte II)
Teen Fictioncontinuación de "el legado de Caín " advertencias: *contenido homosexual, bdsm, hematofilia, violencia, drogas, mafia, etc. etc...
