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E ric se mantuvo en pie el tiempo suficiente para llegar con dignidad hasta su coche aparcado a unas cuadras. Si había algo que había aprendido con los años sobre sus hermanos, era que no podía mostrarse débil a menos que quisiera que todo se fuera al demonio. Y últimamente las cosas se iban al demonio con mucha más facilidad de la que era justo. No estaba en condiciones de arriesgarse. Elevando la barbilla se obligó a arrastrar sus pies por el suelo.  Era medianoche, Eric se preguntó muy vagamente por qué era que toda la mierda pasaba de noche. Sería más fácil ver si las cosas se hubieran bajo la luz del sol. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado desde que había llegado al bar hacia unas horas. Pudieron ser horas o segundos. No importaba, pronto no quedaría nada del bar en pie, la adrenalina aún burbujeaba en sus venas sirviendo de anestesia para sus sentidos.  Pronto todo quedaría atrás.

-vamos mi ángel -llamó Eric a Jesse.

Oliver y dos más de sus hombres de confianza los acompañaron afuera abriednose en abanico para cubrirlos. A ambos se dió cuenta.  Eric sintió una mezcla de alivio y amor al darse cuenta de ello

Su familia, sus hermanos, los hombres por los que mataba y moría y en quienes confiaba su vida no solo estaban cuidando su espalda, también la de su esposo. Eso con mucho era la mayor muestra de respeto y aceptación que podían darle a Jesse.

Al menos a partir de ahora sabía que si algo le pasaba Jesse tendría hombres cuidando sus 6. Porque si había algo que caracterizaba a su familia era que la única manera de salirse era con lo pies por delante. Una de cal una de arena. Morirían por Jess o lo matarian si intentaba traicionarlos. Eric tendría que hablar sobre ello con Jess pero sería luego, por ahora solo quería descansar y quisas que un médico  revisara  su nariz.

una vez llegaron a la esquina a dos cuadras dónde habían aparcado detrás de un viejo basurero abandonado que en tiempos mejores había Sido un fabrica, Oliver revisó el coche, por si acaso alguien lo había identificado y amañado. Nunca se era muy precavido después deasacrar a un enemigo. Vamos no sería la primera no la.ultima.vez que intentaran volarlo en pedazos. luego de que se confirmara que estaba fuera de peligro inminente no tardó ni dos segundos en apresurarse a perderse tras los vidrios tirados de su coche. se derrumbó en su interior del asiento de cuero y soltó un quejido afligido.

Mierda, le habían dado duro.

Su nariz rota dolía, su boca sabía a sangre, la cabeza le latía y podía jurar por todo lo sagrado en el mundo que tenía una o dos costillas rotas. Quizas más. No era la primera vez que Eric se quebraba un hueso, vamos, su cuerpo probablemente estaba más lleno de huesos con cicatrices oseas que de huesos sanos, pero cada vez que ocurría dolía como una perra.  No había una manera de que uno se pudiera acostumbrar al dolor de una quebradura. Podías fingir que si, pero al menos Eric jamás había aprendido a qué dejaran de dolor.

Gruñó cuando consiguió acomodarse y  se volteó a ver a Jesse que se dejó caer a su lado. Su amante tenía un ojo que pronto se pondría negro y sangre en el rostro pero por lo demás se veía bien. Bueno, Eric también se veía entero, así que no descartó que Jesse no hubiera resivido otras lesiones en la refrigeria.  Su compañero era bueno peleando, pero los coreanos eran partícularmente buenos con las artes marciales, y el entrenamiento de Jesse cuerpo a cuerpo se basaba en lo que había aprendido en las calles, no era rival sin una pistola. Incluso Eric con todo el entrenamiento que tenía, había sufrido cada vez que se enfrentaba a dos de ellos a la vez.

Jesse hizo una mueca de dolor y Eric estiró su mano para acariciar  el  rostro de su esposo, despejandolo de cabello para mirarlo mejor.

Jesus, habían matado a la maldita perra, Eric todavía no se lo podía creer.

El legado de Cain (Parte II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora