Eric observó a Jed llevarse el último bocado de fideos a la boca. El rubio había necesitado un par de tragos de sake tibio para relajarse y en ese momento tenía las mejillas un poco sonrosadas. Jed lo atrapó observando e inclinó ligeramente su cabeza como los cachorros cuando intentan oírte. Tal vez había tomado más que un par de sorbos de Sake.
—Extrañaba esto.—Jed se enderezó y apartó su plato. Eric lo observó en silencio dejando que se explayara.—Salir contigo, a cenar, dejar que me consientas. —El labio inferior de Jed tembló ligeramente antes de forzar una sonrisa.—Extrañaba que me quieras.
—Nunca dejé de quererte.
—Es cierto, yo tampoco, pero ya no me quieres.
—Jeddy...
—Ya no me quieres, y esto me asusta Eric. ¿qué estamos haciendo?
—Estamos teniendo una cena como antes, es lindo, acabas de decirlo.
—lo sé, y eso me asusta, porque tu antes me querías.
—Te quiero.
Jed negó.
—Te conozco, Eric, ya no me quieres de esa forma, no sé por qué intentas hacer esto. Dijimos que lo dejaríamos fuera del plano confuso emocional, y esto se me está poniendo confuso.
—Es el sake lo que te está confundiendo. Solo salimos a cenar.
—En una cita.
—Sí. No entiendo cual es el problema. Somos dos hombres solteros que se quieren. ¿Por qué estás haciendo un lio?
—Porque eres tú, no eres cualquier hombre para mi, eres mi ancla.
—tu la mia. Jed.
—No lo entiendes, no es un decir. Eres mi ancla, cuando no estás me hundo, tengo miedo de que esto no funcione de que yo haga algo para que me odies de nuevo y volveré a perderte y...—Eric se levantó de la silla y lo rodeó con el brazo apretándolo a su pecho mientras dejaba el dinero de la cuenta sobre la mesa.
—no voy a odiarte, vamos a casa.—Ofreció Eric.
—Vas a hacerlo, yo voy a hacer que me odies, siempre lo hago, todas las personas buenas a mi alrededor lo hacen, siempre consigo que se aparten.
—Jed...
— Te apartaste Eric, me dejaste y yo me hundí tan mal, me ahogué.
—Pero saliste a flote Jed. Vamos a casa.—Eric lo empujó amablemente hasta la puerta del local de camino al coche que los esperaba afuera.—Ahora estás bien.
—no salí, me sigo ahogando. Romeo me habló de nuevo, llamó al hospital y yo, me asusté como la mierda y ahora me estoy aferrando a ti, y tengo miedo Eric, de que tu me sueltes de nuevo. yo tengo miedo.
—no voy a soltarte.
—Pero...
—no voy a hacerlo, voy a cuidarte, lo prometo. ¿Confías en mi?—Eric detuvo su pasó y lo obligó a que lo observara a los ojos, los de Jed se clavaron ligeramente enrojecidos en Eric.—Yo voy a cuidarte, no dejaré que nadie vuelva a lastimarte ¿me crees?—Jed asintió y Eric le dejó un beso casto en la frente antes de ponerse de nuevo en marcha.
En el coche Jed terminó quedándose dormido con la cabeza sobre los muslos de Eric, el pelilargo le acarició los cabellos pensativamente. La culpa haciendo mella en él. Joder.
Cuando llegaron hasta la mansión McGraw, Eric lo condujo hasta su cuarto y lo desvistió metiéndolo a la cama, estaba a punto de marcharse cuando Jed lo sujetó de la mano.
ESTÁS LEYENDO
El legado de Cain (Parte II)
Teen Fictioncontinuación de "el legado de Caín " advertencias: *contenido homosexual, bdsm, hematofilia, violencia, drogas, mafia, etc. etc...
