167 años después
Me encontraba en un viaje de negocios, en una ciudad que estaba a unas cuantas horas de distancia de la manada. Nunca se me hubiera ocurrido transitar por aquel ruidoso lugar pero si quería que mi manada se mantuviera bien, estable y con todo lo necesario, debía sacrificarme. Aquel lugar siempre estaba abarrotado de personas, los adolescentes no parecían tener control de sus actos y era extremadamente costosa.
Tal vez me estaba haciendo mayor, pero yo no pagaría siete dólares por un café con sabor a vainilla y hecho en cafetera industrial.
— A ver... Repíteme una vez más por qué tengo que estar aquí contigo. — Rodé los ojos.
Jackson estaba más insoportable de lo usual. Había estado haciendo esa misma pregunta pero de tantas formas distintas que hasta resultaba impresionante. Si tuviera esa misma creatividad para hacer su trabajo mi vida sería menos complicada.
— ¿Conoces lo que son las responsabilidades? — Pregunté de forma burlona.
— Sí, lastimosamente tengo muchas de esas gracias a ti, pero en este caso estas son tus responsabilidades. Yo solo fui arrastrado hasta aquí por ser el mejor amigo del jefe. — Murmuró de mal humor.
Entendí que el ruido de la ciudad lo tuviera irritado y que eso se intensificara debido a lo temprano que era, pero como mi mano derecha, debía ir a donde yo fuera.
— Eres el beta. — Le recordé. — Podríamos decir que eres algo así como mi sexy secretaria, solo que no eres sexy.
— Oh, Alfa... ¿Me dejaría volver a mi hogar para restregarme entre mis sábanas y recuperar mis horas de sueño? — Jackson imitó la voz de una mujer mientras sujetaba mi antebrazo con sus manos.
— Si alguien llega a verte actuar así pensaría que... — Mis palabras fueron cortadas por mi lobo.
Hacía mucho que no aparecía, para ser exactos, desde la muerte de nuestra Yina. Su partida lo había dejado débil y completamente destrozado, por lo que después de destruir todo lo que se encontraba en otra habitación, dejé de aparecer como si se hubiera marchado con ella.
— ¿Qué ocurre? — Me preguntó Jackson, quien se veía preocupado.
— Ella está aquí. — Escuché la voz de Aitor.
¿Ella? ¿Quién era ella?
— Búscala, rápido. — Mi lobo estaba inquieto, casi desesperado.
— ¿Brent? — Ignoré la voz de mi beta y comencé a caminar.
No sabía exactamente a quién tenía que encontrar pero allí estaba, avanzando sin rumbo alguno y olfateando. Mi nariz captó un aroma dulce peor fue tan rápido que no pude evitar sentir frustración. En ese momento odié ese lugar más de lo que ya lo hacía. El viento que cada tanto tiempo movía la copa de los árboles y desordenaba nuestros cabellos hacía que aquel aroma pareciera salir de todas partes.
— Es ella. — Aitor aulló. — Es mi luna.
Luna...
Mis pasos se detuvieron abruptamente frente a un pequeño parque que parecía estar abandonado.
— Alfa, ¿qué ocurre? — Volvió a preguntar Jackson.
— Ella...— Respondí cuando encontré la fuente de aquel delicioso olor a frambuesas que tanto había extrañado. — Es ella.
— ¿Qué? — Su ceño se frunció profundamente al no entender lo que estaba tratando de decirle.
— Ella es mi mate. — Señalé a la pequeña niña rubia que se encontraba sentada en la acera. — Es mi Yina...
El rostro de mi mejor amigo pareció desencajarse después de fijarse en la niña que jugaba con tierra en el solitario parque. Ella llevaba una camisa que le quedaba enorme, le llegaba hasta los tobillos y las mangas le cubrían las manos, haciéndola ver mucho más pequeña de lo que era. Su cabello estaba despeinado y mal atado en una coleta baja. A pesar de ser las seis de la mañana ella no estaba preparándose para ir a la escuela, en su lugar estaba sola en un parque, jugando con tierra y sin darse cuenta de que había dos hombres mirándola fijamente.
En esa situación todo encendía mis alertas.
— No puede ser. — Murmuró, escuchándose igual o más estupefacto de lo que estaba yo. — Es una niña...
— ¿Crees que no lo veo? — Pregunté bruscamente.
Ella estaba sola, sin supervisión de un adulto y a merced de cualquiera que tuviera malas intenciones.
— Voy a acercarme. — Mascullé entre dientes mientras trataba de contener mi coraje.
— Si sus padres te ven creerán que eres un pedófilo. — Emitió una especie de grito en voz baja para no alarmarla.
— ¿Crees que no me siento como uno? — Me giré rápidamente hacia él. — Mi mate es una niña de no más de diez años y mi lobo no deja de exigirme que me acerque porque quiere reencontrarse con ella. ¿Crees que no sé que esto es retorcido?
Él no dijo nada más y yo tampoco, solo me quedé de pie para observarla con detenimiento. Me sentía como un jodido enfermo pero no podía evitar sentirme feliz y agradecido porque la Diosa Luna me había permitido volver a encontrarme con Yina o al menos, con su pequeña versión.
— Parece una muñequita. — Aitor ronroneó y no pude estar más de acuerdo con él.
A pesar de estar visiblemente descuidada, ella se veía como una frágil muñequita de cerámica a la que había que proteger para que no se rompiera.
Cuando Yina vivía me había mostrado un par de fotografías de cuando ella era una niña pero aquella no podía ser ni remotamente comparables con la pequeña versión que estaban viendo mis ojos.
Era ella, no tenía dudas de eso.
Di un paso hacia adelante pero me detuve cuando fui sujetado del brazo por mi beta.
— ¿Estás seguro de que es ella? — Asentí con la cabeza.
— Sería capaz de reconocerla incluso con los ojos vendados. — Murmuré para mí mismo. — Es Yina, nunca podría confundirla. — Su agarre en mi brazo se fue debilitando hasta que me liberó.
— Entonces camina, devuelve a nuestra Luna a donde pertenece. — Volví a asentir con la cabeza y comencé a caminar hacia ella.
No me importaba cuánto tuviera que hacer y el tiempo que tendría que esperar, la iba a tener conmigo, crecería y sería mi luna. No iba a volver a perderla, no estaba dispuesto a vivir sin ella durante más tiempo.
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The Moon© ML #1
Werewolf💫Esta historia es completamente de mi autoría por lo que se prohíbe su copia o adaptación.💫 •Primer libro de la bilogía ML.• Por culpa de sus celos descontrolados y una mala decisión, Brent perdió a su mate, a su amada Luna. Pidió noche y día, le...
