Epílogo

1.4K 73 6
                                        

Pov Eira

Cuatro años después

Los últimos cuatro años habían sido tranquilos y felices, todo gracias a la promesa de la Diosa Luna. Los vampiros y los lobos habían rehecho el tratado y aunque no eran grandes aliados, sabíamos que en caso de necesitarnos nos teníamos mutuamente o al menos sería así por el tiempo que Sasha reinara y Brenthan fuera nuestro Alfa líder.

— ¡Mami! — Gritó mi precioso Castiel desde algún punto de la mansión. — ¡Mida!

— ¿Qué encontraste? — Pregunté sonriente cuando vi su rubia cabellera moverse de un lado a otro mientras él corría hacia mí.

— Una uduga. — Alzó sus pequeñas manos y en efecto, tenía una oruga. — Pada ti.

— ¿Me la regalas? — Asintió eufórico. — Gracias mi lobito.

Nuestro Castiel era muy cariñoso y amable. Todos en la manada lo adoraban y decían que sería un gran Alfa, algo en lo que estaba de acuerdo. Para la corta edad que tenía era un lobo sensible que siempre buscaba ayudar a los demás y no importaba dónde estábamos, siempre saludaba a todos con una pequeña reverencia y una enorme sonrisa.

— Mamá Luna dijo que te gustadía. — Asentí rápidamente.

— La Diosa Luna tuvo mucha razón, me encanta. — Susurré, besando su sudorosa frente.

Mi niño hablaba con la Diosa Luna todo el tiempo. Ambos tenían una conexión nunca antes vista en ningún otro lobo y yo suponía que eso se debía los planes que nuestra creadora tenía con mi cachorro.

Él se refería a ella como "Mamá Luna" y no me molestaba, todo lo contrario, ella me lo había devuelto y estaba más que feliz que él pudiera hablarle de todo tal y como lo hacía conmigo.

— ¿Dónde está papá? — Preguntó con curiosidad.

— Debe estar trabajando. — Me acerqué un poco a su oreja para decirle "un secreto". — ¿Quieres que vayamos a molestarlo?

— Sí. — Susurró, adquiriendo un brillo juguetón y travieso en sus hermosos ojos grises.

Castiel era terriblemente parecido a Brenthan. Durante los primeros años tuve esperanza de que sacara algo de mí pero físicamente era una copia de su padre. Sin embargo, su forma de ser era parecida a la mía.

Brenthan no era tan amable y delicado como lo era mi pequeño lobito...

— Vamos. — Tomé su mano y corrimos hacia la oficina del Alfa.

Castiel sabía perfectamente que en algún momento él tendría que ocupar el puesto de líder de manada y se lo tomaba muy enserio. Cada vez que se podía, mi lobito ayudaba a su papá a realizar ciertas labores fáciles que tuvieran que ver con la manada y luego iban juntos al bosque. Después de un largo y estresante día de trabajo, Aitor llevaba a Castiel sobre su lomo y corría durante bastante hasta ver una presa y dársela al cachorro que veía con admiración a aquel gran lobo.

Nuestro hijo todavía no podía transformarse porque era un niño pero sabía que cuando cumpliera su mayoría de edad la visión que me había mostrado la Diosa Luna se cumpliría.

Un lobo grande y de pelaje negro corriendo por el bosque junto a uno más pequeño, ambos yendo detrás de un conejo.

— No, Jackson. No voy a pagar millones de dólares por la reconstrucción de la torre cuando no hay garantías. — Escuché que le decía Brenthan a su beta.

— Pero Bren...— Debieron haber olfateado nuestros aromas porque dejaron de hablar sobre ese tema.

— ¡BU! — Gritó Castiel cuando se soltó de mi mano y abrió la puerta con brusquedad, dando un salto para entrar a la oficina.

The Moon© ML #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora