L a O s c u r i d a d Y E l
P r e s e n t e
P L A N E T A R I O
Fares Dussel.
No le gusta el helado.
Le encantan los dulces.
Es un geniecillo en las matemáticas.
Ojos verdes.
Preciosísimos ojos verdes.
Posee, de forma ininterrumpida, destellos neblinosos.
He llegado a imaginar que los pinto. Pero, ¿podría? ¿Captaría todo? ¡Todo!
Ah, qué pesar he sentido al plasmar el retrato en sueños, porque cada componente vuelve mi cabeza un lío.
Por eso, prefiero centrarme en el motivo de mi desastrosa invitación.
Espero, referente al resto, no haya sospechado nada. Porque al enviarle las anotaciones exactas de la ruta a seguir, es evidente el lugar al que vendrá.
Le he comprado un regalo.
Papá, con recelo, ve el objeto que yace en mis manos.
Aconsejó, hace medio segundo, que lo guarde en mi bolso o podría perderlo.
Le dije: no me desees eso.
Línea que decidió evadir.
Como sigue bebiendo su jugo de sandía y la orden es contundente, con bastante delicadeza y queriendo resistir, lo guardo. Muy a mi pesar.
Mi progenitor ríe. Le echo una suave miradita, que a él no le afecta y sigue desternillando. Yo lo hago, en tanto él aparta la vista y atiende la llamada telefónica, al primer timbrazo. Llevaba rato esperándola, por eso la prisa.
Dándole su espacio, aparto la mirada.
No siendo necesario rehuir, porque el torbellino queda aislado. Estoy de nuevo en mi rústica cumbre que encierra un huerto de ligeros aromas.
Allí donde es sol no se nubla.
En un breve lapso, cierro los ojos.
Agradezco que ahora haya un camino real hacia el cielo. No existía uno antes de él. «Ahora puedo ir hacia ti».
¿Pero, es que acaso quise hacerlo con alas?
Sonrío. Fares es la causa.
Vuelve a estar allí. Metido en cada pulso. En lo alto del cielo, y ahora recluido conmigo, portando un brío astrífero. En lo que es suyo y mío.
No sé a qué atribuir este cosquilleo en el pecho. Pues no trata solo de la emoción de verlo. Elegí este lugar porque sé lo mucho que le gustará.
Quise hacerle sentir un poco de mi agradecimiento, y espero hacerlo bien. Es lo que se hace, ¿no?
No soy nueva en esto, pero sé la causa del porqué es diferente.
Solía amar las cosas crueles. Siempre tenían mi atención. Las agasajaba con un sentir enfermizo. Pero ahora que he fijado los ojos en las cosas celestiales, son ellas las que me abrazan con fuerza. Todo lo bueno y especial lo hace. Me apegan a su pecho y siento que ya no estoy desabrigada.
Entonces, lo predicado brilla con inmensa razón: cada obstáculo ha valido la pena porque he tenido donde refugiarme.
Las sacudidas violentas, para gloria de Dios, no han impedido la búsqueda de su presencia. Sino por el contrario, cuando yo no he podido ponerme en pie, he visto que su espada reluciente no ha perdido el filo.
Sigue despedazando a mis enemigos.
Y él, con fuerte amor, me ha sostenido.
Llevo un rato queriendo buscar algo que impida estos sentimientos sobre Fares. Pero admito que es bonito haberlo encontrado sin buscarlo.
El maravilloso sentir de pertenecer, de saber que esa era la lógica causa por la cual nada encontraba su sitio.
Por lo tanto, si sigo enumerando... ¿podría tener un fin?
Estoy conociéndolo y estos meses solo han servido para interesarme más sobre sus gustos. Ya sea por una mirada permitida o prohibida. Por cosas que solo sucedían.
Reconozco que no ha sonado bien pero, al comprender que no llegaremos muy lejos sin hablar, y que somos a penas segundos, he preferido dar el paso. No yendo sola. Pero antes de decírselo a alguien, quiero estar segura.
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RUTA 27 | ✓
No FicciónPude contar la estrellas en el infinito. La melancolía de dejarte, se desvaneció. El majestuoso atardecer abriría una ruta para recordarte que "fuimos uno". Él fue la lluvia que se esparció sobre la sequedad de nuestros corazones; jamás te dejará, e...
