T A R T A DE M A N Z A N A
Púrpura.
La bóveda celeste y sus poéticas noches estrelladas, en ocasiones nos permite ver el esplendor de este increíble color. Cuando el horizonte se tiñe suavemente, el resto no es relevante. Solo esa instancia de tiempo.
Me digo que, el no poder apartar la mirada debe considerarse como una aprobación.
Mis tulipanes eran de este color.
Pero como todo, seguirían la consecuencia de estar lejos de la vida.
Ocurre que se marchitaron.
No vi problema en ello; así que una buena tarde, me senté y los coloque sobre mi regazo. Al son de un tarareo en el que glorificaba a Dios, desintegre los pétalos para, aprovechar así, su mejor potencial.
Todavía sigo pensado en cual de mis dibujos debería utilizar las dos onzas que obtuve.
Es decir, lo que es apreciable, puede pintar mil y un relámpagos cristalinos tanto peligrosos como bellos; no lo puedo desperdiciar en cualquier cosa.
No obstante, no es por ello que me mantengo pensativa.
Hace dos horas que he despertado.
El abuelo me llevará al instituto, por lo cual me envió a recoger las cosas que necesitaré.
«Apresúrate que hoy es importante».
Tiene razón. Lo es.
La reunión a la que debo asistir surgió de improvisto.
Apenas ayer, la profesora de arte llamó para informar que hoy llegarían a hacerme una serie de preguntas relacionadas con el concurso.
También pidió que fuese vestida con un atuendo formal, pues tomarán una fotografía.
Estoy nerviosa, pero también confiada. No sé si esto será algún tipo de prueba pero, daré lo mejor.
Oré, y recién ahora, recordé que Luv insistió en que debía usar una boina. «Te quedan estupendas».
Estaba eligiendo el vestido , y al notar el titubeo que sufrí, recordé la decisión que había tomado y la reafirme; este es el momento, no hay duda. Era el momento de llevar lo que abandoné.
Volveré a entregar los broches.
El mes pasado había llevado los que ya tenía listos. Mis pastores le dieron el visto bueno. Pero como recién había orado, tuve ese ápice de duda. Me alegra que sucediera, pues cuando el consejo se sumó, obtuve la respuesta. Aún no.
Ahora, tengo la completa certeza. Precisamente por ello, estoy confiada.
Mis amigas fueron de las primeras en saberlo. Después de los gritos de euforia y brincos de entusiasmo, les mostré los que había elegido.
Para la tarea de elección, mi padre y abuelo ofrecieron su ayuda.
—Elige el rosa —especificó el capitán, dándole un sorbo a su tacita de té—. Ese es de los buenos. Tú hazme caso, nadie podría rechazarlos y si lo hacen...
—Papá —El revólver le sonrió.
—Demían Brennett, no tienes comodín. Fuiste tú el que le enseñó a la niña las reglas no aplicables.
—Dale con eso, Khael Brennett. —acusó—. No seas rencoroso.
—Nada, nada. Voto por el rosa.
—Pero no es una decisión que se tomará en base de votos, padre.
—Mejor así. Mi sola sugerencia es ya de por sí, la ganadora.
—No, mejor los que son azules.
No opinare respecto al debate que iniciaron. En especial el abuelo, que no aceptó los gustos de papá.
En realidad, temí estarme perdiendo de algo. (Los broches no van de un solo color). Agradecí que no me hubieran preguntado. De hacerlo, fingir un desmayo era lo mejor.
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RUTA 27 | ✓
Non-FictionPude contar la estrellas en el infinito. La melancolía de dejarte, se desvaneció. El majestuoso atardecer abriría una ruta para recordarte que "fuimos uno". Él fue la lluvia que se esparció sobre la sequedad de nuestros corazones; jamás te dejará, e...
