Samantha se miro en el espejo del recibidor, ya que no había uno grande en su habitación, le pediría a Tom, que la acompañara a comprar uno más tarde, para ver si tenía la ropa arreglada y el cabello como le había enseñado el peluquero, luego apoyo la cartera en la pequeña mesa, para asegurarse de que llevaba todas las tarjetas y el efectivo, dejo sobre la mesilla del recibidor su celular, sabía que a Tom le daría un infarto, pero si lo llevaba con ella no pararía de llamar hasta que le dijera donde se encontraba y su plan de demostrarle a Tom que no le tenía miedo a Nueva York se vendría abajo. Cuando no tuvo nada más que la detuviera de dar ese gran pasó, puso la mano en el picaporte, irguió los hombros y abrió la puerta. Saldría por primera vez sola a recorrer las calles de Nueva York, esta vez iría más lejos, pasaría toda la tarde recorriendo la cuidad. Después de cerrar la puerta, comenzó a bajar las escaleras. Esa mañana Tom le había dicho que hacía dos años su abuela había estado viva. Le explico que su padre había recibido una postal de su madre, una tarjeta que incito a Dave a buscar a su madre, la tarjeta postal era sencilla y sola decía que lo quería, que siempre lo había querido y esperaba que la perdonara, al final ponía “Tu madre”. Cuando Dave recibió la tarjeta, tenía que atender su oficina de contador y solo pudo viajar a Nueva York de vacaciones, pero inmediatamente después de recibir la postal inicio los tramites de su jubilación para poder buscar a su madre.
Luego por un golpe del destino, un hado o como quisiera llamarlo, seis meses después Tom apareció en casa de Dave para preguntarle si su madre había tenido un romance con Doc. Aquel primer encuentro había sido el inicio de una amistad, que eventualmente termino convirtiendo a Tom en el escolta de la hija de Dave. “Propiedad” había murmurado Samantha, cuando Tom le conto la historia. “Algo de eso”, le había respondido Tom con un poco de fastidio. “El testamento está guardado en una caja de seguridad” Tom se enojo cuando Samantha le manifestó que pensaba quedarse en Nueva York, porque ella sospechaba que él tenía intenciones de mantenerla alejada de la investigación. Sabiendo que se sentía culpable por el intento de homicidio del cual había sido víctima, pensó que planeaba no perderla de vista y la mejor forma era ocultándole cosas.
Después de la pelea de esa mañana , ella bajo y vio el bolso de gimnasio de Tom junto a la puerta, cuando le pregunto sobre su bolso y sus planes, le respondió que no pensaba dejarla sola en casa, ella necesitaba que él saliera, algo de lo que él había dicho la molestaba y era el hecho de que según en palabras de Tom, ella no podía ayudarlo porque estaba aterrada de salir sola por las calles de Nueva York y era obvio que tenía que demostrarle no solo a él sino también a ella, que podía contra esa gran ciudad. Mientras Tom estaba en el gimnasio, Samantha comenzó a recorrer las calles por su cuenta, camino por varias calles, observando a las personas pasar, hasta ahora no habían intentado robarle el bolso, ni le habían puesto un arma en la cabeza. Cuando atravesó la amplia avenida de Park Avenue que parecía ser en su mayor parte residencial, camino rápido con la cabeza baja y a punto de perder el valor. Durante las primeras dos cuadras iba tan preocupada que no miro a su alrededor, pero cuando se acerco a Madison, advirtió porteros uniformados que le sonreían y le saludaban tocándose las gorras. Cuando llego a Madison se dirigió hacia el norte, preguntándose hasta donde debería llegar para probarse a sí misma que podía andar por esta ciudad sin temor alguno. Sus pensamientos estaban ocupados sobre cómo le diría a Tom de manera desafiante que había pasado toda la tarde sola, en la inmensa Nueva York, en Madison Avenue la cual estaba llena de negocios hermosos, los mejores productos que el mundo tenía por ofrecer. Vio tiendas que vendían ropa tan cara que había guardias custodiando la entrada, cuando un joven atractivo, con un hermoso traje le sonrió y le abrió la puerta de un negocio, Samantha sintió que había ingresado al mundo de los ricos y poderosos, tuvo la sensación de sentirse como Julia Roberts en Mujer bonita, sin el hecho de la prostitución, se paseo por las más caras casas de modas, cuando miraba algunos trajes en valentino, advirtió la inmensa fortuna que Tom se había gastado en Sacks , ya que vio un traje como el que ella lucia que valía cerca de tres mil cuatrocientos dólares.
— ¿Se siente bien? — le pregunto la bella empleada preocupada.
—Si— le respondió sentándose y bebiendo el vaso de agua que le habían ofrecido. Una parte de ella sentía que debía estar enojada con Tom por haberla engañado y la otra parte se sentía complacida, ¿por qué a qué mujer no le gusta recibir regalos? No podía dejar de pensar en qué momento Tom se había arreglado con su prima para hacerle pensar que podría pagar esa ropa. Cuando salió del negocio no estaba segura de lo que debía hacer. ¿Decirle que lo había descubierto? Pensó nuevamente que no sería muy amable reñirle por algo tan dulce como haberle comprado ropa que valía miles de dólares. Más tarde pensaría en una forma de agradecérselo(aunque no de la manera en que Tom desearía)pero haría algo dulce por él, con la cabeza erguida(no hería su orgullo o autoestima estar enterada, que lo que lucía valía más de cinco mil dorales) continuo su excursión por las calles salvajes de Nueva York, entrando en las tiendas más sofisticadas y saliendo con bolsas de ropa que valían miles de dólares, sin duda se sentía como Carrie Bradshaw de sex and the city, pero sin el sexo, pensar en el sexo le hizo recordar a Tom, sin duda el estaría dispuesto a cumplirle su fantasía. Después de comprarle un hot-dog aun vendedor ambulante, se alejo del Rockefeller Center en dirección al sur, donde en una vidriería de un negocio vio una estatua de bronce de un Samurái, de diez centímetros de altura. Era un pequeño guerrero con una fuerte armadura, pero tenía una sonrisa particularmente atractiva que le recordaba a Tom. Al pensar en lo mucho que Tom había hecho por ella, quiso comprarle un obsequio y esa estatuilla seria perfecta para la pulcra y sobria biblioteca, entro en el negocio y pidió verla.
En este negocio Samantha aprendió lo que todo neoyorquino sabe. Que en Nueva York todo se vende y que el precio que tiene la etiqueta no tiene nada que ver con lo que realmente cuesta el artículo. Contrariamente a la opinión del mundo, no hay ser humano más amable que un vendedor neoyorquino, cuando ve a un potencial cliente vestido con ropa cara. El hombre miro el costoso traje de Sam, su bolso Michael Korss, sus zapatillas Lubottin y el gran diamante que brillaba en su dedo y le sonrió suavemente mientras le mostraba la estatua.
— ¿Cuánto cuesta?
—Setecientos cincuenta— le respondió el hombre.
El rostro de Samantha cambio, deseaba la estatua, pero era demasiado cara. El comerciante que tenia buen ojo para los turistas (que usualmente compraban todo sin importar el precio) pensó que Samantha era una autentica Neoyorquina, estaba vestida como una e incluso llevaba las uñas como una, el vendedor pensó que Samantha estaba jugando con él cuando le dijo el precio.
—Seria una injustica para mí, pero puedo dejársela en quinientos cincuenta dólares.
Samantha se sorprendió. No esperaba que le bajara el precio— Lo lamento aun es mucho.
Nacida en la ciudad, pensó el vendedor con acritud — ¿Hay alguna otra cosa que le interese? — y le señalo un par de pendientes que le agradaban y que el vendedor saco de la vidriería para mostrárselos. Samantha pensó que los pendientes eran adorables, pero no quería llevarlos, quería la estatua para Tom.
—Son hermosos, pero sería mejor que llevara la estatua aunque cueste demasiado— le dijo honestamente.
— ¿Qué le parece quinientos veinticinco? — le respondió, sacando los pendientes del mostrador.
—Trescientos setenta y cinco por los dos. En efectivo— Samantha contuvo el alieno, porque eso era todo lo que tenia. No podía aumentar ni una moneda más.
—Cuatrocientos y es todo lo que puedo hacer.
A Samantha le volvió a cambiar el rostro y se veía tan triste como se sentía.
—Lo lamento, pero trescientos setenta y cinco es todo lo que puedo gastar— se volvió lentamente hacia la puerta.
—Está bien— le respondió el vendedor— son suyos, trescientos setenta y cinco dólares en efectivo, pero que sepa que me está estafando.
Samantha se marcho del local satisfecha con sus compras, observo su reloj y vio que eran casi las seis de la tarde. Sabía sin dudas que Tom, estaría esperándola furioso. Después de haber aprendido a regatear, tuvo su primera lección sobre Taxis. Ante la primera gota de lluvia, todos los taxímetros de Nueva York, buscaban refugio, por lo menos esa fue su teoría para explicar porque no pasaban Taxis vacios por la calle, se puso al borde de la cera, estiro la mano, pero ningún taxi se detuvo, bueno tal vez Nueva York no era tan perfecta pensó. Tomo con fuerza sus bolsa, bajo la cabeza contra la lluvia y comenzó a caminar de regreso a la casa de Tom.
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Sweet Delusions
FanficSam acaba de quedar huérfana y para recibir la herencia de su padre, tiene que viajar a Nueva York, para encontrar a su abuela, en el camino conoce a Tom Kaulitz un chico solitario, que la ayudara a encontrar a su abuela. AVISO: ESTA HISTORIA ESTA...
