Capítulo Veintisiete

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Cuando Samantha se despertó a la mañana siguiente y entro medio dormida al baño, se encontró con Tom, que estaba frente al espejo, con una toalla en la cintura y la cara cubierta de espuma para afeitarse.

—Lo lamento— murmuro y se retiro hacia el dormitorio

—Está bien — le respondió— estoy decente, ¿Qué quieres hacer hoy?

Volvió al baño y pestañeo para aclarar su visión soñolienta, ciertamente, él era algo maravilloso de ver en la mañana, con su espalda ancha, su abdomen bien trabajado, esa diminuta toalla blanca apenas sostenida de su cintura, contrastando con el bronceado de su piel. Un pequeño golpecito y…

—Te vas a meter en problemas si sigues mirándome de esa manera— le dijo observándola por el espejo.

Samantha le sonrió, pero en lugar de regresar al dormitorio, se quedo al lado de él para ver como se afeitaba. Su padre y su ex esposo, usaban afeitadoras eléctricas, así que para ella era una novedad ver a un hombre afeitándose con espuma y una navaja.

— ¿No te gustan las afeitadoras eléctricas? — le pregunto, tomando un frasco de loción para después de afeitar y destapándolo para olerla.

—Herede la barba gruesa de mi padre y una afeitadora eléctrica no me sirve, además me crece rápido y de esta forma logro mantenerla al ras.

Samantha se apoyo contra la pared, junto al espejo y jugando con el frasco, observo como Tom se pasaba la navaja de afeitar por el rostro y luego la enjuagaba, bajo el chorro de agua. La miro por el espejo y le guiño un ojo. Sonriéndole, Samantha pensó “Que momento más adorable” a veces se sentía más casada con Tom, de lo que se había sentido con su marido. Su marido tenía reglas rigurosas y una de ellas, era que un hombre y una mujer no debían estar juntos en el baño.

— ¿Ya decidiste?

— ¿Mmmm? — le respondió  observándolo soñolienta.

 Termino de afeitarse, mojo un paño con agua caliente y se envolvió el rostro durante un minuto antes de limpiarse los últimos vestigios de espuma para afeitarse. Se volvió y acerco la cara a Sam.

— ¿Qué te parece? — giro la cara hacia un lado y luego hacia el otro.

Sonriendo, Samantha le apoyo las manos en las mejillas y sintió la piel recién afeitada y tuvo deseos de pasarle los pulgares por los labios y besarlo.

—Suave como un bebe.

— ¿Estás segura? — se inclino mas y le froto una mejilla contra la de ella y cerró los ojos durante un momento. — ¿Ningún pelito perdido, que pueda lastimar el rostro de una dama?

—No ninguno— le respondió suavemente, inclinado la cabeza contra la pared— perfectamente suave.

Abruptamente, Tom se alejo de ella y Samantha no pudo evitar fruncir el ceño. Generalmente él trataba de besarla  pero esa mañana no lo había hecho. No tenia forma de saber que esta cercanía a esta hora de la mañana  era más de lo que Tom podía tolerar. Si no la iba a tocar mejor que se fuera. Pero Samantha no comprendía  el abrupto movimiento de Tom, así que instintivamente se miro en el espejo…. Y emitió un pequeño chillido. Tenía el rímel corrido y el cabello que estaba húmedo cuando se fue a dormir, estaba todo revuelto. Tomo uno de los cepillos de Tom y lo mojo tratando de arreglárselo. Detrás de ella Tom sonrió y luego le beso el cuello.

—Estas hermosa— le dijo sinceramente.

— ¿Tan hermosa como Vanessa? — le pregunto ella y luego se tapo la boca. No había querido decir eso.

Tom levanto las cejas.

— ¿Estuviste espiando? ¿Mirando en los cajones ajenos? ¿Revisando las posesiones privadas ajenas?

Sweet DelusionsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora